Cuando los impuestos desaparecen por decreto de morena y la política del absurdo
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Esta semana tuvimos uno de esos momentos.
Desde la tribuna del Senado, la senadora de Morena, Martha Lucía “Malú” Micher, con un gesto de evidente enojo y señalando con el dedo, lanzó una frase que merece ser recordada, no por su profundidad, sino por el absurdo que encierra:
“Ya estuvo bueno de que anden diciendo que ese dinero es de nuestros impuestos. ¡Mentira!”
Y entonces llegó la explicación: los recursos de los Programas para el Bienestar —incluidas las pensiones— no provienen de los impuestos, sino de la llamada “austeridad republicana”.
Aquí comienza el problema.
No se trata de cuestionar a la senadora como persona, ni de descalificar su trayectoria política.
Tampoco se trata de discutir si las pensiones para los adultos mayores son buenas o malas.
La discusión es mucho más elemental.
¿De dónde sale el dinero que utiliza el Gobierno de México para gastar?
Porque quizá en la llamada Política del Absurdo hemos llegado al punto en que también podemos modificar las leyes básicas de las finanzas públicas mediante un discurso desde la tribuna.
Resulta que ahora la austeridad produce dinero.
¡Maravilloso!
Quizá Hacienda debería informar al Banco de México que hemos encontrado una nueva fuente de financiamiento público: gastar menos.
El problema es que la austeridad no genera ingresos.
La austeridad puede reducir gastos.
- Puede eliminar desperdicios.
- Puede disminuir estructuras burocráticas.
- Puede generar ahorros.
- Puede permitir que un gobierno reasigne recursos.
Pero no convierte mágicamente esos ahorros en una fuente independiente de ingresos públicos.
Y mucho menos elimina el origen de los recursos que ingresan a la Hacienda Pública.



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