El embajador, la mosca, la Presidenta, el gusano y el antecesor

La granja es un proyecto de inversión binacional, con un valor no muy alto, de 144 millones de dólares, pero con una utilidad enorme, pues reanuda los esfuerzos conjuntos para detener en la frontera sur mexicana la plaga del gusano barrenador, que ha puesto en jaque la exportación de ganado mexicano a Estados Unidos durante los últimos años.
La granja ataca una plaga difícil de erradicar y ataca también la estupidez que la hizo posible, a saber, un “Acuerdo contra la carestía y la inflación”, establecido en 2022 por López Obrador, que autorizó la importación de ganado vivo y productos agropecuarios de Centroamérica sin control sanitario.
El gusano barrenador, me informa Meta, proviene de la larva de la mosca Cochliomyia hominivorax, que pone huevos en heridas de vacas y caballos, y en un día hace crecer gusanos que perforan/barrenan irreversiblemente al animal, cuya carne infectada puede transmitir el gusano a seres humanos.
La, para mí, alucinante, extraordinaria solución encontrada a la plaga es la producción de moscas estériles que se crían en granjas y se dispersan en avionetas, como plaguicidas, para desplazar a las moscas fértiles en las regiones infectadas.
La planta de Chiapas inaugurada por la presidenta Sheinbaum y por el embajador Johnson podrá criar y dispersar en la zona cien millones de moscas estériles por semana, para empezar a darle respuesta a un problema que no existía, que había quedado resuelto desde 1991, pero que López Obrador creó de nuevo con un arrebato neoliberal, quién lo diría: levantó las trabas al libre comercio de ganado en el sur de México.
La puntada de libre comercio ganadero del expresidente le ha costado a la industria ganadera mexicana 1,850 millones entre noviembre de 2024 y mayo de 2026.
Y le seguirá costando, mientras las moscas estériles no hagan su trabajo.
Se diría un caso típico, emblemático, de los costos que paga el país y apechuga la Presidenta por los arrebatos de ignorancia activa de su Antecesor.


