
Podemos agrupar todas las variantes en un concepto del que derivan todas: narcopolítica.
La comisión de marras evidencia con su fallo que la etiqueta y sus variantes le molestan mucho al gobierno.
Supongo que el gobierno siente, con razón, que la etiqueta resulta ya muy pegajosa y tiende a volverse una marca, que luego no podrá quitarse.
Le piden entonces a la Comisión de Quejas que saque la palabra del debate político, a lo cual la comisión accede, servicial.
Si buscáramos en el lenguaje de Morena una etiqueta favorita para referirse a la oposición, esta sería, probablemente, la de traidores a la patria.
Me pregunto cuál es la etiqueta más insultante y agresiva de las dos: narcopolítica o traición a la patria.
Tiendo a pensar que la segunda porque, durante mucho tiempo, la traición a la patria fue el único delito que la Constitución mexicana castigaba con pena de muerte.
El Código Penal lo castiga ahora con penas de cinco a 40 años de prisión.
La palabra narcopolítica y sus variantes no son delitos, que yo sepa, registrados en ningún código. Son, por ello, menos graves que la traición a la patria.
Con otra: el delito de traición a la patria dice algo terrible pero vago, difícil de imputar.
La palabra narcopolítica, en cambio, dice algo preciso de nuestra vida pública de todos los días.
Se refiere a políticos que se alían con el crimen para ganar elecciones, llegar al poder y compartirlo luego con los criminales en el esquema de una pax narca.
La palabra narcopolítica habla de algo concreto.
Tiene valor como categoría analítica y descriptiva.
El escritor Salvador Elizondo dijo alguna vez, célebremente: “cuando uno dice que el triángulo isósceles tiene tres lados, no está insultando al triángulo, lo está describiendo”.



