1.
No le gustó al oficialismo el diagnóstico que diferentes instancias eclesiales -la CEM, los jesuitas, las congregaciones religiosas y laicos organizados- ofrecieron sobre el país, en el documento Compromiso por la paz. Estrategias de política pública para la paz.
¿La frase que irritó?: “Nuestra casa común y nuestro tejido social están en un proceso de degradación nacional”.
El análisis fue tildado de pesimista, y se ofrecen otros datos para calificar a México: la criminalidad disminuye, el pueblo vive feliz, la paz se respira por doquier, se trabaja para combatir la delincuencia.

2.
Los hechos duros no van en esa optimista dirección, y apuntan a un pésimo trabajo de la actual administración pública en términos de seguridad social.
Por más que la realidad quiera negarse o matizarse, ella está ahí, terca, demostrando que el discurso gubernamental no la quiere reconocer.
Como lo afirman los eclesiásticos en su documento, no vivimos en paz, y hay regiones en el país que están completamente dominadas por el crimen organizado.

No es cierto que haya tranquilidad, felicidad y acciones eficaces contra la delincuencia.
Van tres botones de muestra:
3.
- Primero: la irritabilidad social. El reciente linchamiento en Taxco, Guerrero, ha sido una muestra palpable de la desatención institucional a la seguridad de la población.