Un pato venía cantando alegremente

Eran los primeros días del año, para ser más precisos el 2 de enero.
Y estaba recorriendo el corazón de México, la Plaza de la Constitución o mejor conocida como el Zócalo de la Ciudad de México.
Ya había pasado por la parada religiosamente obligatoria en el extraordinario restaurante de mariscos El Danubio.
Ufff, es difícil estar en México y no pasar por este lugar tan entrañable que se encuentra tapizado con servilletas de tela enmarcadas con las dedicatorias y firmas de lo más selecto de la farándula y la política de nuestro país.
Así que después de la comida me dirigí al Zócalo para ver cómo lucía la decoración navideña.
Como siempre es impresionante entrar al Zócalo, este espacio público que ha sido escenario de innumerables hechos históricos, y ver los edificios de los poderes políticos, religiosos y sociales de nuestro país.
En esta muchedumbre que aún caminaba por el Zócalo admirando la decoración navideña vi una figura que sin visos de miedo o de sentirse “engentada” caminaba alegremente siguiendo a su familia humana.
¿Era realidad esta imagen de un patito siguiendo a su “mamá” o era solo mi imaginación?
Pues en efecto era un patito blanco que llevaba puesto un traje navideño a cuadros rojos.
Era una especie de pechera con vivos blancos de peluchito y una cadenita en el cuello.
No me pude resistir e inmediatamente acomodé mi cel y le tomé una foto.
Una foto que captaba esos momentos surrealistas del México mágico que viven en nuestra cotidianidad.
Esa imagen del pato feliz que cantaba alegremente, como diría la canción, se quedó almacenada en mi celular como tantas fotos que tomamos y atiborran nuestra galería.
Y fue hasta ahora en junio de 2026 que el pato volvió a mi vida, y a la de todo el mundo, vestido ni más ni menos con la playera de México en el mundial.
Otra vez aparecía el pato con la misma presencia, pero ahora sin arnés y siendo la sensación del momento, convirtiéndose en una figura de talla mundial. Y ahora descubría su nombre y el de su familia.
Se trata de Merlin, que es el nombre del mago más famoso de la mitología y literatura occidental, su “mamá” Karla Ivette y la de su mejor amigo y “papá” Christian.
Este es el núcleo familiar que adoptó a Merlin como socio honorario del negocio que tiene Karla y que se trata de la venta callejera de aguas frescas y refrescos.
Merlin fue un regalo que adquirieron desde pequeñito y a quien con mucho cariño y cuidado lo han visto crecer y cuidar hasta convertirse en fiel camarada de las aventuras callejeras cotidianas.
Y ahora Merlin con su imagen mundialista se ha ido convirtiendo en símbolo de identidad nacional. Incluso muy por encima de la mascota oficial de la FIFA el jaguar Zayu, símbolo de unidad, fortaleza y alegría.
Esto sucede posiblemente por la proximidad que tiene Merlin con la gente y por el intento de la FIFA por imponer su mascota porque a pesar de ser una figura muy bonita, no ha logrado conectar con la gente.
Además que con el férreo control de la publicidad y sus productos la FIFA no ha permitido que se distribuya masivamente a nivel popular.
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