
Monterrey abrazó otro viernes caluroso.
Junio enseñó su mejor cara: brisa tibia, cerveza helada, humo saliendo del asador, acordeones marcando territorio, bajosexto con alma propia.
Redovas suficientes para levantar botas, sombreros, carcajadas, ninguna silla permaneció vacía durante mucho rato.
Javier Navarro llegó sin aspavientos.
- Paso firme.
- Saludo largo.
- Abrazo sincero.
- Ojo atento para cada invitado.
Ningún gesto aprendido frente al espejo, puro oficio norteño.
Pura escuela nacida entre acuerdos, sobremesas, kilómetros recorridos, oficinas abiertas desde muy temprano.
El cumpleaños sirvió como pretexto, la verdadera celebración apareció alrededor del músculo político construido durante años.
Desfilaron alcaldes no solo del MC, sino de otros partidos. Uno de ellos, Mauricio Farah, panista de San Pedro Garza García.
Ediles acostumbrados al trato directo, presidentes municipales sabedores del valor otorgado por una llamada respondida, una cita cumplida, una palabra sostenida.
Nadie parecía asistir por compromiso, en el ambiente se respiraba camaradería.
- Charla franca.
- Carrilla abundante.
- Bromas dignas del norte.
Esas capaces de sacar sonrisas incluso al más serio del grupo.
Entre los asistentes apareció el ex gobernador, Sócrates Rizzo García.
Viejo lobo del oficio público, memoria viviente sobre varias etapas políticas nuevoleonesas, su presencia otorgó perspectiva histórica, las generaciones convivieron alrededor del mismo mantel.
Pasado, presente, futuro compartiendo cortadillo, frijoles con veneno, tortillas recién salidas del comal, salsa molcajeteada capaz de poner colorados hasta a los más bragados.
También sobresalió una nutrida representación del gabinete estatal, secretarios, alcaldes, funcionarios conversando sin protocolo.
Ningún salón frío, ningún evento acartonado, todo fluyó bajo ritmo norteño, todo olía a confianza.



