
Se ha vuelto frecuente que se compliquen las reformas legislativas impulsadas desde palacio Nacional.
En política se diría que están jugando a las vencidas, es decir, los liderazgos del poder legislativo además de los metapoderes dentro de Morena se miden fuerzas, compiten en liderazgo con su líder moral partidista, bueno, a menos que no lo sea.
Ella envía sus iniciativas al mejor estilo lópezobradorista y se topa en pared, algunas se han desechado, otras reciben modificaciones y unas más, como las recientes en materia de telecomunicaciones quedan en 3 y 2.
Quizá debamos agradecer al poder legislativo que sea sensible y escuche a los mexicanos cuando existe el temor de que las reformas tengan tintes de autoritarismo y represión.
Sólo quizá.
En tiempos del tlatoani no habría sucedido algo similar, incluso, no sucedió, sus iniciativas se aprobaban hasta con los errores ortográficos de origen.
En este momento los grupos antagónicos al poder ejecutivo, aunque del mismo color, han formado un bloque «cuasiopositor» en donde el mensaje es que las cosas avanzan a los tiempos de ellos.
¿Por qué juegan a las vencidas contra ella?
Las respuestas pueden ser múltiples, y solas o unidas.
La retan porque el tlatoani se siente relegado y pretende mandar mensajes de poder; recordando aquella frase usada en el Maximato:
“El presidente vive en palacio, pero el que manda vive enfrente”.
Hay señales de que el tlatoani pretende evidenciar que es el poder tras el trono.
Otro motivo para retarla es porque se sienten con la fuerza de competir, porque le ven debilidades o consideran no tiene la fuerza del antecesor, ya sea por su personalidad menos agresiva, por género (lo que sería detestable), por el poder amplio de su grupo, por la impunidad del fuero o porque en sus acuerdos bajo la mesa la oposición les respaldaría, esto y mil suposiciones más podrían motivar a que los coequiperos pretendan ganarle el pódium a la líder.


