
Biden se baja de la contienda presidencial, demasiado tarde pensamos algunos, pero aún con tiempo para que Kamala Harris afiance el liderazgo de los demócratas norteamericanos.
El presidente no tuvo la sensibilidad de entender que la senectud se le agolpó, no significa que eso sea un problema per se, pero los actuales tiempos, la dinámica de la política y los ritmos de vida intensos, exigen líderes frescos, jóvenes (al menos adultos con energía) y con habilidades físicas y mentales óptimas.
Tardó en entender que como dice la canción: “ahora ya camina lerdo como perdonando al viento…”
Kamala es la antítesis de Trump, fresca, jovial, no de piel blanca.
El candidato republicano la acusa de izquierdista, la llama “lunática” y una serie de adjetivos más que le imputa.
En México, por la mitad de los dichos del candidato del cabello amarillo, la comunidad feminista y la protectora de los derechos humanos habría emprendido tremendas protestas.
Habrían quemado hasta al sol azteca, pero en EUA pareciera que no preocupan los temas de equidad e igualdad o que entienden el papel de las campañas donde no existen hombres y mujeres sino candidatas o candidatos y en esa condición todos son iguales.
Los ataques de Trump reflejan dos cosas:
- Su estilo personal y el de su campaña
- Y, que le teme al potencial crecimiento electoral de Harris.
Claro, en el caso del republicano se sale de todos los patrones preestablecidos, tanto que es difícil leer su actuar populista.
Fiel a su estilo, espeta insultos y ofensas como si fueran gotas de saliva al hablar, escupe improperios cual incontinencia verbal.



