Kierkegaard y el internet de don Andrés

La gente exige la libertad de expresión como una compensación por la libertad de pensamiento que rara vez usan.
Por José Francisco Villarreal
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Ilustración obtenida de la Royal Danish Library.

Hace poco leí una frase matona que alguien publicó en FB:

 

La gente exige la libertad de expresión como una compensación por la libertad de pensamiento que rara vez usan.

La firman a nombre de Soren Kierkegaard.

No suelo leer mucho a los filósofos, pero este señor me cae muy bien.

Y casualmente había hojeado (no tanto leído) su “Either/Or” (“O lo uno o lo otro”).

De no ser por esto, me hubiera ido aleteando a la jaula de las inocentes palomitas tan campante.

No, don Soren no dijo eso.

Dijo algo así como que la gente nunca usa la libertad de pensamiento, que sí tiene, pero sí exige la libertad de expresión, que no tiene. ¿Se parecen ambas cosas? Muchísimo. Pero no dicen lo mismo.

¿En verdad no usamos la libertad de pensamiento? Aquí difiero de don Soren.

Sí la usamos, pero somos muy perezosos. La usamos mal y a medias. En lo doméstico podemos ejercerla con practicidad impecable, pero una vez que ampliamos nuestro universo privado las cosas se complican.

Es muy fácil evitar la molestia de informarnos si ponemos parches con ideas ajenas.

Los noticieros son un ejemplo.

Como con la cita de Kierkegaard, el dato no es del todo falso, pero el enfoque tiene un objetivo distinto al noticioso.

La libertad de expresión utilizada para incidir en la libertad de pensamiento. ¿Por qué?

Pues porque durante años hemos visto a ambas libertades como independientes, cuando el pensamiento libre necesita de la libre expresión.

Sólo que tenemos la noción equivocada de que los medios representan la libre expresión (y eso dicen ellos), y no es así, nos incumbe a todos.

EL INE
José Francisco Villarreal
Regiomontano pero criado en el medio rural cuando aún no esterilizaban a la tierra a fuerza de cemento, asfalto y contaminación. Estudiante prófugo de Letras Españolas y de FIME en la UANL pero con título de Técnico Mecánico Electricista. Con ese singular aval fue maestro de Humanidades en preparatoria del Tec de Monterrey, colaborador en publicaciones culturales locales y regionales, polizón y luego miembro del staff del suplemento cultural “Aquí Vamos” del diario “El Porvenir”, convidado en segunda generación del Centro de Escritores de Nuevo León, y mecánico de piso en Cervecería Cuauhtémoc y CyDSA. Ha sido también guionista en Televisa Monterrey y luego, en diferentes tiempos, jefe de Información y de Redacción en el área de noticias. Ahí mismo, eminencia gris, o discreto fantasma, en el análisis de información y en la planeación de estrategias de cobertura e investigación. También fue celoso cancerbero de la biblioteca y hemeroteca de esa empresa televisora. Al borde del ocaso, fue colaborador, asesor, redactor, responsable editorial y eventualmente director de Noticias en NRM Comunicaciones. Actualmente cuida de cuatro perros y una paloma inválida.