Opinión

La bala que mató a Kirk

Riva Palacio DETONA® Kirk murió víctima no sólo de un gatillero, sino de un clima envenenado donde la palabra se ha convertido en arma de guerra.
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Por Raymundo Riva Palacio
Foto tomada de la red
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La bala que mató a Charlie Kirk atraviesa a todos.

Su asesinato este miércoles no fue sólo un crimen contra un individuo, sino un mensaje de que la polarización está dejando de ser un fenómeno discursivo para convertirse en pólvora.

Kirk murió víctima no sólo de un gatillero, sino de un clima envenenado donde la palabra se ha convertido en arma de guerra.

Pero las primeras horas de luto y condena por un asesinato que nunca debió ser mostraron, para la desolación del espíritu, cómo las semillas de la ira están dando frutos: la polarización no se contuvo, se expandió; se ignora aún el motivo del asesinato, pero se puede decir que es totalmente político por sus consecuencias.

Estamos atrapados en la maldita díada entre dos conceptos que resurgieron con arrolladora fuerza cuando muchos pensaban que habían sido enterrados: la derecha y la izquierda, conceptos ideológicos reducidos al terreno de la política y la búsqueda del poder.

Los dos bandos jalaron para su lado.

El presidente Donald Trump, a quien Kirk ayudó a ganar decenas de miles de votos para su elección, dijo que era resultado de la satanización de la izquierda radical política, que discrepa de ideas contrarias a las suyas.