
En un extremo de la curva, dijo Laffer, si el gobierno cobra 0% de impuestos, recauda 0.
En el otro extremo de la curva, si cobra 100%, recauda 0 también, pues nadie trabaja sólo para pagar impuestos.
Los gobiernos deben encontrar el punto de la curva en que los productores de su economía paguen más, con tasas impositivas que no los ahoguen, sino que los inviten a ganar más y, por tanto, a pagar más impuestos.
Contra la lógica simple, bajar las tasas impositivas puede multiplicar la recaudación.
Muchos contribuyentes pagando poco dejan más que pocos pagando mucho.
Tasas muy altas inhiben la inversión, la ganancia y, por tanto, la recaudación.
Los impuestos son un negocio de volumen, no de nicho. Lo fundamental es el tamaño de la base de contribuyentes, no que paguen mucho los que pueden.
Si entiendo bien, Laffer atribuía el tamaño de la economía informal mexicana a que pocos negocios pueden sobrevivir pagando los impuestos formales del país, demasiado altos.
Una y otra vez, negocios y trabajadores se fugan a la economía informal, donde no pagan más impuestos que el de su consumo, el IVA.
Estas fugas debilitan la base formal de contribuyentes y amplían la base de la economía informal, que no paga impuestos.
Es un viejo problema del país, muy agravado por la 4T.
- De un lado, el gobierno aprieta a los contribuyentes formales, su gallina de los huevos de oro.
- Por otro lado, premia a los informales, con repartos en efectivo que llaman redistribución.
- Por un tercer lado, invierte gigantescas cantidades en obras caras, innecesarias e improductivas que necesitan subsidios para existir.
La economía se encoge, la hacienda pública también y el gobierno redistribuidor sale del apuro creciendo la deuda, hipotecando el futuro.



