
Digamos que Zamarripa, sin experiencia diplomática ni hablar inglés, montó cada año el tradicional altar de muertos, dio El Grito en Belmopán, organizó un seminario binacional y algunas actividades irrelevantes.
En cambio, en estos últimos tres años, la conductora de la televisión regiomontana habilitada por Ebrard como embajadora estuvo activa apoyando la candidatura presidencial de su jefe, como si fuera su vocera oficiosa, lo cual es incompatible con las funciones de una representante de México en el exterior.
En lugar de dedicarse a desarrollar iniciativas propias de la Embajada, no las que provienen de la SRE o de otras instancias gubernamentales, la embajadora defendió a Ebrard por la tragedia de la Línea 12 del Metro, tras la publicación de un reportaje de The New York Timesen el cual señalaba al exjefe de gobierno como uno de los presuntos responsables:
Después de que Ebrard perdió la encuesta contra Claudia Sheinbaum y que insinuó con irse a la oposición, la experiodista elogió a su exjefe en Facebook:
