

Y cuando un gobernante se acostumbra a mentir (cuando convierte la mentira en método, en estilo, en reflejo involuntario) el resultado no es solo la erosión de la credibilidad, sino un caos institucional que termina por arrastrar a toda la entidad.
Dice Botello que eso es lo que hoy vive Nuevo León…
LA MITOMANÍA desde el poder, una compulsión por construir relatos ficticios para ocultar realidades incómodas, manipular percepciones y evadir responsabilidades, que paga la ciudadanía.
De un gobernador obsesionado con vender una versión de sí mismo, retorcer datos, inventar logros o simular batallas épicas contra enemigos imaginarios.
Un teatro permanente: anuncios que no se concretan, obras que no avanzan, crisis que se maquillan, indicadores manipulados, y una constante narrativa de autoelogio que contrasta con la realidad que vive la gente en las calles…
¿SELLO DE la administración?...






