La oscuridad de las burocracias

Durante el mes de abril, cuando pagamos nuestros impuestos, todos nos acordamos de las burocracias.
- ¿Son omnipresentes?
- ¿Las apreciamos?
- ¿Para qué sirven?
- ¿Agregan valor?
- ¿Se pueden mejorar?
- ¿Podrán los gobiernos ser más receptivos a las personas a las que sirven?
- ¿Es posible que dejen de abrumar a los ciudadanos con trámites excesivos?
Hace algunos años leí el libro de Jorrit de Jong, “Dealing with Dysfunction: Innovative Problem Solving in the Public Sector” (2016).
El autor explora las ineficiencias burocráticas y presenta un marco práctico para su reforma.
Con base en investigación académica y estudios de caso reales, de Jong desafía los enfoques tradicionales para la reforma burocrática.
Propone un liderazgo e innovación de abajo hacia arriba.
Si bien todas las burocracias que funcionan bien comparten similitudes, las que son disfuncionales presentan sus propios defectos.
La disfunción más grave surge cuando varias organizaciones comparten la responsabilidad de un problema, pero ninguna es la principal responsable de resolverlo.
Este escenario subraya la necesidad de capacidades distribuidas para la resolución de problemas y estructuras de rendición de cuentas.
El profesor Jorrit de Jong es el director del “Centro Bloomberg para las ciudades” de la Universidad de Harvard.
Su misión es ayudar a los gobiernos locales a aprender a ser más innovadores.
En sus clases explica cómo los gobiernos pueden ser más eficientes, eficaces y receptivos a las necesidades de la gente.
Su trabajo aborda los desafíos persistentes de la disfunción burocrática y la necesidad de una resolución de problemas pública, innovadora y colaborativa.
Un tema central es el diagnóstico y la solución de la disfunción sistémica en las burocracias.
Argumenta que muchos esfuerzos de reforma fracasan porque no distinguen adecuadamente entre los síntomas y las causas profundas, ni involucran a los más afectados en el proceso de reforma.



