La pertinencia perdida
Un curioso signo de nuestros tiempos es que lo pertinente ya no es relevante para nadie. En la era que se le ha dado en llamar el postmodernismo, la frivolidad se ha convertido en orgánica a las sociedades.
Nunca como ahora, todo pasa y nada sucede.
Estamos en la anhelada era de las grandes posibilidades por las que tanto afanó la humanidad. Al mismo tiempo, el decurso de la historia nos ha conducido por el camino de la preponderancia de lo irrelevante por sobre lo vital, y nadie sabe cómo enfrentar la realidad de las amenazas y debilidades imperantes.
Contrastemos un poco el momento actual:
En un momento en que el entorno de todo el constructo humano se encuentra acotado por un planeta en vías de agotamiento, donde no acabamos de retomar la senda del crecimiento económico, siendo este último el requisito sine qua non del concepto de bienestar que practicamos, y sin embargo, todos los bancos reportan rendimientos extraordinarios, aun en sus oficinas de los países más débiles; un grupo de diputados de la CDMX está abogando por endurecer las leyes de protección de animales para tratarlos como seres “sencientes” y por lo tanto solo les faltaría un grado para ser tratados igual que humanos.
Al mismo tiempo, los muertos y desaparecidos por la violencia van en aumento.
El continente africano, la región con más pobreza del planeta, espera convertirse en el principal cliente del armamento ruso; tan es así que Nigeria ha hecho un trato con Putin, cuyo propósito es servir como centro regional de mantenimiento armamentístico de los rusos.
Los EEUU, en voz de la NASA, han lanzado al mundo la noticia de que siempre si hay OVNIs... bueno, ahora se llamaran FANI´s, y esperan durante el mes de agosto próximo publicar un reporte científico acucioso sobre el tema para terminar de una vez con todas con la milenaria incógnita de si estamos solos o no en el universo.


