El dilema

Por un lado, residen sus convicciones y su lealtad. Posee una formación de izquierda, probada, dilatada y respetable. También es una mujer de lealtades.
Su gratitud hacia su antecesor es genuina y, me parece, la ha obligado a pagar costos muy altos en cuanto a su credibilidad y popularidad.
Por otro, está el realismo.
México está siendo triturado por las presiones de Estados Unidos, algunas justas, otras no.
Con la llegada de Morena al poder, se aprobaron una serie de reformas -de energía a la destrucción del Poder Judicial- que van en contra del T-MEC: la columna vertebral de la economía mexicana.
En el afán de llegar al codiciado poder, Morena armó una complicidad con el crimen organizado que hoy ha martirizado a la sociedad y tensado la relación bilateral.
Como consecuencia, Estados Unidos demanda una cadena interminable de concesiones económicas -unas cien- y, también, la entrega de líderes morenistas coludidos con el narco.
Hasta ahora, la Presidenta ha jugado con astucia. Ha tratado, como equilibrista, de mantener en paz a tirios y troyanos.
Para calmar a las huestes de su partido...
Ha avanzado en reformas radicales.
Ha aceptado nombramientos costosos.
Ha mantenido lazos con las dictaduras de izquierda.
Y se ha envuelto en la retórica nacionalista.
Al mismo tiempo, ha entregado -casi- todo lo que ha demandado Trump.


