
Ciudad de México.-
Venir a la CDMX sin saco al menos -dejen ustedes la corbata- es como pasearse desnudo en el Paseo de la Reforma. El más lucidito que tengo se me olvidó en la casa. Me faltan, debo admitirlo y más después de ver a personajes como Javier, como Jesús, como al papá de Luisa María...A ver si no me mandan a comprar uno... o de perdido, a rentarlo.
Si de por sí mis anfitriones no me bajan de "provinciano", ahora que me vean en jeans y camisa, la madreada va a estar de a peso. Lo bueno es que son a toda madre.
Pero noliace. A donde voy no me van a poner pero porque vengo bien armado; cuando comience el tiroteo de la junta -porque las juntas palaciegas son eso, tiroteos- se les va a olvidar que no traigo saco, eso espero... Ya les platicaré, por lo pronto, al tema:




