Las trampas de la mañanera

En un año, reveló la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana que dio a conocer el INEGI la semana pasada, la percepción de inseguridad se redujo de 64.2% en el cuarto trimestre de 2022, a 59.1% en el mismo periodo de 2023, lo que fue altamente significativo al ubicarse en su nivel más bajo para un mismo periodo en nueve años.
Los resultados del estudio cayeron como anillo al dedo del gobierno, que igualmente reportó la semana pasada que los homicidios dolosos –la variable que usa para medir los resultados de su política de seguridad– decrecieron 4.18% en 2023.
La encuesta provocó sorpresa, porque los delitos continúan al alza y los asesinatos siguen subiendo en niveles inéditos.

La feria de números es amplia y los datos se pueden manejar a discreción, como lo hace la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, que reportó una baja de 10 homicidios dolosos diarios en 2023, comparado con 2022, que no quedó del todo claro de dónde salió.
La reducción porcentual probablemente sea correcta, aunque sea producto de una cifra amañada, porque ese tipo de delito fue reclasificado en 2015 –cuando el gobierno de Enrique Peña Nieto estaba urgido de esconder que los asesinatos iban al alza de manera rampante– y se empezaron a categorizar algunos de ellos bajo el rubro eufemístico de “otros delitos que atentan contra la vida”.
Más de mil niños asesinados al año, 50 mil 204 lesionados por arma de fuego en quinquenio de Andrés Manuel López Obrador #AMLO; existe un subregistro de homicidios con “desaparecidos” y otros delitos que atentan contra la vida.
— ZETA Tijuana (@ZETATijuana) November 4, 2023
Los detalles, en la edición impresa de ZETA. pic.twitter.com/kTHoJIVxwL



