
Les platico: el dicho es otro, pero se aplica a la inversa en la inauguración del aeropuerto inaugurado con bombo, platillo y tlayudas el pasado 21 de marzo.
Primero, la acotación pertinente:
A la irreverente y a éste su servidor nos encantan las tlayudas. Las hemos comido con una amiga muy querida que es oriunda y vive en el mágico Oaxaca donde nacieron el Benemérito de las Américas, Tamayo, Toledo, María Sabina y tantos otros notables de la idiosincrasia mexicana.
Pero mis señalamientos hacia la vendimia culinaria que se desató en plena inauguración del IAFA, lejos de ser clasista y racista como declararon la ignominia de Epigmenio y la veleidad del Alcázar, fueron para hacer notar lo impropio de que en un aeropuerto que se precia ser de primer mundo, hubiere tendidos en el piso los mismos artilugios comerciales callejeros que pintan de fervor el folclor mexicano.
Tan tan.
Ahora sí, a lo que ocupa el título de este artículo. ¡Arre!
EL ARRASTRAMIENTO DEL HOMBRE MÁS RICO DE MÉXICO
¿Qué gana y busca el ingeniero Slim alabando de tal manera al AIFA? Si alguien tiene mundo en sus suelas y espuelas es él, que sigue siendo el hombre más rico de México.
¿Quedar bien con el presidente para hacerse más rico mediante sus negocios con el gobierno, destacando la "excelsa magnitud" de un aeropuerto que fue anunciado con tres pistas y solo opera una?
¿Declarando que el AIFA es un modelo de bienhechura sabiendo que no tiene espacios para carga?
¿Que tuvo 12 vuelos en su inauguración y al día siguiente a los pasajeros que iban a Cancún y a otras ciudades los mandaron con demoras y altos gastos de traslados al "Benito Juárez" porque el AIFA no estaba listo?
Lo del ingeniero Slim se llama abyección.


