
Les platico una historia que debido a la “transición” de los escribanos hacia la época digital, quedó como tradición verbal que pasó de generación en generación y que hoy cuenta con una que otra alusión diluida en las actuales redes sociales. ¡Arre!
Entre 1913 y 1916 mi bisabuelo tenía una tienda en Múzquiz, Coahuila.
De pronto llegaban al pueblo los carrancistas con sus uniformes amarillos en busca de trigo.
Para desgracia de mi bisabuelo, los revolucionarios de aquella facción armada comandada por Venustiano Carranza, lo encontraban y hasta encostalado.
Para evitar que luego dijeran que se robaban lo que tomaban, pagaban con papel moneda que ellos mismos imprimían y que por ende carecía de respaldo bancario.
Cuando entraban los villistas hacían lo mismo.
Hasta con los “pelones” -los soldados leales al gobierno- sucedía aquello, pues eran tiempos de las “monedas de necesidad”, y cada bando pagaba con su propio dinero.
Su falsificación era masiva y contribuyó a la pérdida de valor del papel moneda.
Muchos negocios se fueron a la ruina, pues el “dinero” con que pagaban el trigo los carrancistas no era reconocido por los villistas ni por los “pelones” que ocupaban intermitentemente las plazas.

