
Les platico un necesario prólogo: Contar con títulos universitarios no significa que se tenga educación.
Ahora sí. ¿Arre? ¡Arre!
Podría seguir valiéndome gorro… o madre, pero, como cada vez son más los que hacen esto, sale al aire como un servicio social:
Las detestables selfies
Con el título me refiero a la grotesca costumbre de “adornarse” y “adornar” sus whatsapp "u" redes sociales con selfies.
Si quienes lo hacen leyeran “Alicia a través del espejo”, de Lewis Carroll, lo pensarían dos veces antes de seguir con esa nefasta costumbre.
El problema es que escasamente "len", como dijo Aurelio Nuño Mayer, cuando era titular de la SEP en el gobierno de Peña Nieto.
Quienes torturan con selfies a sus seguidores, padecen el síndrome conocido como "para qué leer libros, si con el celular, un dedo basta y sobra”.
A ell@s les aviso: está disponible en Amazon ese título con ilustraciones de Benjamin Lacombe.
Se los recomiendo, sobre todo a quienes no leen ni en defensa propia o nada más en caso de vida o muerte, y en estas situaciones, siempre y cuando tenga “monitos”.
Por cierto, los “monitos” de Lacombe en dicha obra, no tienen madre.
Reasumo:
Los pacientes diagnosticados con ese síndrome se toman selfies en cuanto espejo se les atraviesa: en el baño; en la recámara; en el elevador; en el gym, y ponen cara y pose que alguien les mintió diciendo que “les favorece”.
También lo hacen en la mesa, comiendo, bebiendo o cenando; viajando; en fin, en todos lados.
¿Por qué lo hacen?
Un día se lo pregunté a uno de esos sindromáticos y me respondió que porque vive en un país con libertad de expresión.
- Ah, ta “güeno”.
- Porque es su vida ¿y qué?
- Ah, ta “güeno”.

