
La Suprema Corte avaló, por nueve votos contra cero, la sentencia de un juez que ordenó a Lozoya reparar el daño moral causado a la periodista Lourdes Mendoza.
El nombre de Lourdes apareció de manera extraña entre los políticos a quienes Lozoya señalaba por fraudes y sobornos. Aseguraba que un funcionario le había dado un costoso regalo.
Y ella no se cruzó de brazos: probó la falsedad y exigió la reparación del daño.
Escribió tras conocerse el voto de la Corte que la justicia, a veces tarda, pero llega:
“El criminal confeso, el mal hijo, mal hermano, mal esposo y mal padre. El que no le pagó a los abogados Coello Trejo. El que para salvarse no dudó en cambiar el rumbo de 17 familias, imputándonos mentiras y dañando su honor y trayectorias, el chicanero, perdió por unanimidad”.
Es una victoria legal, rotunda y ética de una mujer empeñada en revertir una infamia.
Queden para el registro los apellidos de los otros calumniados en la supuesta “revelación del siglo”: Anaya, Calderón, Caraveo, Cordero, Domínguez, García Cabeza de Vaca, González Anaya, Hernández, Lavalle, Meade, Penchyna, Peña Nieto, Salinas de Gortari, Treviño, Vega y Videgaray.


