
En el marco de la Escuela de Verano 2026, la poeta, narradora y traductora mexicana, María Baranda impartió la conferencia “Vértigo y desbordamiento en la poesía” en el Patio Ala Sur del Colegio Civil Centro Cultural Universitario, el 17 de julio, donde invitó a reflexionar sobre el papel de la poesía como una herramienta para preservar la memoria colectiva y construir comunidad.
La autora realizó un recorrido por distintas épocas y tradiciones literarias para explicar cómo la poesía ha acompañado a las civilizaciones desde sus orígenes, convirtiéndose en una forma de interpretar la realidad, nombrar el mundo y transmitir la experiencia humana de generación en generación.
“La poesía no tiene límites ni el tiempo ni el espacio. Cruza civilizaciones, culturas y generaciones enteras. Es, como decía Octavio Paz, conocimiento, salvación, poder y abandono. Es una operación capaz de cambiar el mundo”, expresó.
Durante la conferencia, Baranda explicó que el poema representa el punto de encuentro entre el lector y la poesía, aunque reconoció que esa conexión no siempre ocurre de la misma manera, ya que depende de una experiencia profundamente personal.
A través de textos de autores como Wislawa Szymborska, Federico García Lorca, Vicente Huidobro, Gonzalo Rojas, Virgilio, Eliseo Diego y César Calvo, la escritora mostró cómo las grandes preguntas sobre la existencia, el miedo, la muerte, el amor y la esperanza han permanecido presentes en la literatura desde la antigüedad.
Asimismo, recordó que las primeras manifestaciones poéticas surgieron de manera colectiva, antes incluso de la escritura, cuando las comunidades transmitían sus historias mediante la palabra hablada.
“¿Quién fue el primero que volteó al sol y dijo ‘amor’? ¿Quién vio la lluvia y dijo ‘dolor’? ¿Quién arrojó una palabra al corazón del viento?”, declaró.
Para Baranda, esa necesidad de nombrar el mundo continúa siendo una de las principales funciones de la poesía, la cual permite recuperar la memoria histórica y fortalecer el sentido de pertenencia.
La autora destacó que un poema puede cumplir múltiples propósitos, tales como acompañar a las personas, aliviar la soledad, intensificar la vida o incluso convertirse en un motivo para seguir adelante en momentos difíciles.
“Se escribe un poema para no estar tan inexplicablemente solos y también para que en algún lugar del mundo, mañana o dentro de 20 años, alguien que esté por quitarse la vida alcance a leerlo y desista, aunque sea unos días”, leyó.
Con esta reflexión concluyó su participación que fue reconocida con un diploma que entregó la coordinadora general del Colegio Civil, Leticia Garza Moreno.
