
El delirante personaje que se juzga a sí mismo autor y guardián de los textos sagrados de la 4T, nada menos que los libros de texto obligatorios del sistema educativo, se rehúsa a aceptar su despido y se declara en rebeldía, desde su oficina, convocando a la resistencia nacional por internet.
Bajo la fiesta de burlas que provoca Marx, está la trágica realidad: en manos de este personaje deschavetado puso el gobierno de López Obrador la mejor materia prima del país, la cabeza de los millones de niños y jóvenes mexicanos que están siendo educados con los libros de texto paridos por este orate, y por su marciana idea de lo que debe ser la educación de un país: un adoctrinamiento vulgar que no incluye matemáticas.
Muchas risas suscitan también los predicamentos del Secretario de Educación y de la Presidenta para someter la rebelión de Marx en su oficina, y su convocatoria a refundar la SEP, luego de demolerla hasta la última de sus traidoras piedras neoliberales.
En medio de estas otras risas hay también el hecho trágico de que las autoridades reprueban al orate, y lo despiden, pero aprueban su verdadera fechoría: los libros de texto obligatorios, que son el corazón de la llamada Nueva Escuela Mexicana.
Marx, el marciano, se va, pero sus libros marcianos se quedan.
Se va el ideólogo delirante, pero se queda su delirio vuelto obra, vuelto el corazón de la educación pública de México.
Tienen una ventaja el gobierno y su orate en rebeldía: nadie se queja en las escuelas públicas de sus barbaridades.
A diferencia de los hospitales, donde no hay medicinas para los niños con cáncer, y el daño es obvio para los padres, nadie sabe en las escuelas el daño que siembran en ella los malos, obligatorios, contenidos educativos.
La cuenta del daño viene años después, cuando ya no hay remedio, y el niño es un adulto ignorante de las cosas que hubieran podido sostener y mejorar su vida.

