México 2036: gobernar para el futuro

Entre 1985 y 1987 estudié la Maestría en Políticas Públicas en Harvard Kennedy School.
Llegué a Cambridge, Massachusetts, en un momento de enormes transformaciones.
El mundo todavía estaba marcado por la Guerra Fría, Ronald Reagan era presidente de Estados Unidos. México venía de una crisis económica profunda.
América Latina intentaba consolidar sus democracias.
En las aulas de HKS aprendí una idea que me ha acompañado durante toda mi vida pública y profesional:
- Gobernar no es administrar la realidad como viene; gobernar es construir capacidades para cambiarla.
Por eso leí con enorme interés, hace un mes, la publicación “HKS 2036: Leadership for a New Era”.
No la leí sólo como egresado.
Lo leí como mexicano.
Como alguien que cree que el servicio público sigue siendo una de las tareas más nobles de una sociedad.
Y como alguien convencido de que México necesita, con urgencia, una visión seria hacia 2036.
La idea central del documento es poderosa:
La forma en que gobernamos ya no corresponde con la forma en que vivimos.
Esa frase debería discutirse en México todos los días.
- Vivimos en sociedades digitales, pero tenemos gobiernos analógicos.
- Vivimos con inteligencia artificial, pero conservamos burocracias lentas.
- Vivimos en economías integradas, pero con instituciones fragmentadas.
- Vivimos en un mundo de riesgos globales, pero con capacidades públicas locales muchas veces débiles.
- Vivimos en una época de incertidumbre, pero seguimos formando servidores públicos para un mundo que ya no existe.
HKS 2036 propone tres grandes direcciones:
- Fortalecer su base académica.
- Responder a cuatro imperativos del futuro.
- Y activar a una comunidad global de más de 80 mil egresados, estudiantes, profesores, funcionarios y aliados.
Sus cuatro imperativos son claros:
- Abrir caminos al servicio público para todos.
- Ayudar a los gobiernos a entregar mejores resultados.
- Aprovechar la tecnología para el bien público.
- Y formar líderes íntegros y eficaces para tiempos de polarización.
Comparto plenamente esa visión, pero creo que México debería leerla no como una estrategia universitaria, sino como una provocación nacional.
¿Qué país queremos ser en 2036?
Diez años parecen mucho tiempo, no lo son, son apenas dos sexenios, dos generaciones universitarias.
Una ventana breve para reconstruir capacidades, recuperar confianza y preparar al país para una economía transformada por inteligencia artificial, transición energética, relocalización productiva, cambio climático, inseguridad, migración y tensiones geopolíticas.
Mi visión para México en 2036 comienza con una convicción: necesitamos volver a dignificar el servicio público.
El país no saldrá adelante solo con buenos discursos ni con ocurrencias sexenales.
Necesita mujeres y hombres preparados, íntegros, competentes, con sentido ético y vocación de resultados.
México debe formar una nueva generación de servidores públicos que entienda de datos, presupuesto, tecnología, seguridad, energía, educación, salud, diplomacia, desarrollo regional y construcción de acuerdos.
El servicio público no puede ser refugio de improvisados ni botín de lealtades partidistas, tiene que volver a ser una carrera honorable, en 2036 quiero ver un México donde los mejores jóvenes aspiren a servir al país.
- Donde un alcalde tenga herramientas profesionales para gobernar.
- Donde un secretario estatal sepa implementar políticas públicas.
- Donde un funcionario federal sea evaluado por resultados, no por obediencia.
- Donde el mérito vuelva a importar.
El segundo gran cambio debe ser la obsesión por entregar resultados.
Durante décadas hemos confundido gobernar con anunciar programas, pero gobernar no es anunciar, gobernar es que las cosas funcionen.
- Que el hospital tenga medicinas.
- Que la escuela enseñe.
- Que la policía proteja.
- Que el trámite se resuelva.
- Que el permiso no dependa de mordidas.
- Que la carretera se construya.
- Que el agua llegue.
- Que la electricidad sea suficiente.
- Que el ciudadano no tenga que suplicar para ejercer un derecho.
México 2036 debe ser el país que dejó atrás la cultura del pretexto y construyó una cultura de ejecución, para eso necesitamos gobiernos con capacidades reales:
Buenos sistemas de información, presupuestos evaluables, compras públicas transparentes, funcionarios capacitados, instituciones coordinadas y mecanismos de rendición de cuentas.
La política pública no termina cuando se publica un powerpoint o un decreto en el Diario Oficial, empieza cuando llega a la vida de las personas.
El tercer imperativo es la tecnología para el bien público.
Este será el gran divisor entre los países que avancen y los que se queden atrás.
La inteligencia artificial, los datos, la automatización y la ciberseguridad no son temas de especialistas, son el nuevo sistema nervioso del gobierno.
En 2036, México debería tener expedientes médicos interoperables, educación personalizada con apoyo tecnológico, plataformas digitales para permisos y trámites.
Sistemas de seguridad basados en inteligencia, compras públicas abiertas, monitoreo en tiempo real de infraestructur, alertas tempranas para desastres naturales, y servicios ciudadanos diseñados desde la experiencia del usuario.
Pero la tecnología no debe servir para vigilar ciudadanos ni para concentrar poder.
Debe servir para ampliar derechos, reducir corrupción, mejorar decisiones y acercar el Estado a las personas, un gobierno digital sin ética puede volverse autoritario.
Un gobierno digital con valores puede ser profundamente democrático.
