La fiesta y la casa

Boda, carne asada, bautizo, posada, quince años, final de fútbol, reunión que empezó con “nomás una” y terminó con alguien cantando José José toda la noche.
Pero una cosa es organizar una fiesta.
Y otra muy distinta es recibir al mundo entero en tu casa.
Hoy arranca el Mundial 2026.
México será anfitrión por tercera vez en su historia.
Ya lo hizo en 1970.
Lo volvió a hacer en 1986.
Y ahora, cuarenta años después, le toca otra vez abrir la puerta, poner la mesa y enseñarle al mundo de qué estamos hechos.
Hace unos días, Integralia publicó un reporte Mundial 2026: ¿Cómo llega México?
Para quien no la ubique, Integralia no es una cuenta de X.
Es una consultora especializada en temas públicos, riesgos, economía, regulación, seguridad y entorno social.
Su chamba no es decir si México va a jugar con línea de cinco o si la Hormiga va a tener minutos.
Su chamba es leer el evento completo.
Y el escenario que presenta no es caótico.
Pero tampoco está para celebrar a ciegas.
México llega al Mundial con una economía mucho más grande que la de 1970 y 1986.
En 1970 éramos un país de 52 millones de habitantes.
En 1986, de 80 millones.
Hoy somos más de 134 millones.
En 1970, el PIB per cápita estaba por los 699 dólares.
En 1986, 1,756.
Hoy la estimación supera los 13,700.
Esto nos dice que: México ya no es el mismo país que recibió a Pelé ni el mismo que recibió a Maradona.
Somos más grandes.
Más conectados.
Más visitados.
Y también, hay que aceptarlo, bastante más complejos.
Porque el Mundial llega acompañado de una expectativa económica enorme.
Como cuando te dicen que abrir una sucursal nueva “solita se va a pagar” y luego descubres que también existen la nómina, la luz, el permiso, el mantenimiento, el contador, etc.
Según Integralia, el Mundial sumaría alrededor de 0.1% al PIB anual.
O sea: sí habrá derrama económica.
Sí habrá hoteles llenos.
Sí habrá restaurantes felices.
Sí habrá turistas comprando sombreros, camisetas, mezcal, tacos y un llavero carísimo que diga “Viva México”.
Pero no nos hagamos bolas: trece partidos no transforman una economía nacional.
- El Mundial puede ser vitrina.
- Puede ser aparador.
- Puede ser oportunidad.
- Pero no es varita mágica.
Este Mundial no sólo va a medir estadios.
- Va a medir coordinación.
- Va a medir movilidad.
- Va a medir seguridad.
- Va a medir salud pública. Va a medir conectividad.
- Va a medir qué tan bien sabemos operar cuando todos nos están viendo.
En 1970, el reto era enseñar un México moderno.
En 1986, después del terremoto, el reto era enseñar un México de pie, resiliente.
En 2026, el reto se ve distinto:
enseñar un México capaz de organizarse.
Y eso, siendo honestos, a veces nos cuesta más que meter un penal.
Y eso que los penales nos traen recuerdos muy malos.
El reporte también habla de presión social. Y aquí hay que tener cuidado.
No se trata de regañar o señalar a nadie.
No se trata de decir que las manifestaciones estorban porque viene la FIFA.
Tampoco se trata de barrer debajo del tapete problemas reales para que el extranjero vea todo completamente impecable.
México no deja de ser México porque empieza el Mundial.
Las demandas de la CNTE, las madres buscadoras, los transportistas, ganaderos, campesinos, estudiantes, comerciantes y otros grupos no desaparecen porque se juegue a la pelota.
Al contrario.
Cuando viene una videocámara internacional, muchos grupos sociales ven una oportunidad para ser escuchados.
Y eso puede incomodar.
Sí.
Pero también nos enseña algo.
El Mundial no cancela las conversaciones pendientes de un país.
Sólo las pone en 4K.
También se mencionan riesgos sanitarios.
Integralia habla de sarampión, influenza y vigilancia epidemiológica.
No es para entrar en pánico.
Pero sí para entender que recibir turistas no sólo es poner mariachi en el aeropuerto.
- Es tener protocolos.
- Hospitales listos.
- Comunicación clara.
- Y capacidad de reacción.
- Luego está la ciberseguridad.
En 1970, el riesgo era que te robaran la cartera.
En 2026 también.
Nomás que ahora la cartera está en el celular.
Pagos digitales, redes públicas, aeropuertos saturados, hoteles conectados, apps de transporte, boletos digitales, códigos QR, promociones falsas, links apócrifos y el típico “entra aquí para ganar boletos gratis”.
La delincuencia también se modernizó.
Ya no sólo te bolsea en la fila.
También te puede bolsear con WiFi gratis.
Pero creo que el dato más raro de todo el reporte no es económico, sanitario ni tecnológico.
A dos días del Mundial, Integralia detecta que domina la indiferencia hacia el torneo y hacia la Selección Mexicana.
Sólo cerca de una quinta parte de la conversación digital muestra una percepción positiva.
Eso no significa necesariamente que cuatro de cada cinco mexicanos odien el Mundial.
Significa que:
muchos todavía no conectan emocionalmente con él.
Y eso es sumamente raro.
Porque México puede tener muchas broncas, pero si algo parecía intocable era la emoción mundialista.
Antes todos sabían contra quién debutaba México.

