México Mágico: estadísticas que resucitan… y desaparecen responsabilidades

Arturo Cueto DETONA® Para estar a tono con la temporada cuaresmal, la presidenta —según ella— de todos los mexicanos, acompañada de sus fieles escuderas en materia de seguridad y gobernación, decidió ofrecernos una pieza digna de fe: la revelación oficial de las cifras de desaparecidos en México.

Por Arturo Cueto
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Y como toda buena liturgia, el acto tuvo de todo: números para confundir, relatos para consolar y, por supuesto, milagros. 

Porque lo que se presentó no fue un informe, sino una auténtica capirotada estadística: un platillo donde se mezclan cifras duras con interpretaciones blandas, datos incompletos con conclusiones convenientes, y donde la realidad termina siendo el ingrediente menos importante.

Las funcionarias, auténticas alquimistas del dato, nos sirvieron dos narrativas simultáneas: por un lado, una maraña de cifras complejas.

Por el otro, una reinterpretación nacional del drama clásico, donde los desaparecidos, lejos de permanecer en la incertidumbre y como diría José Zorrilla en su Juan Tenorio: los “muertos gozan de cabal salud”. 

Aquí no hay tragedia: hay “actividad registrada”.

Veamos el desglose de esta obra maestra:

De los más de 132 mil registros, más de 46 mil presentan “datos insuficientes”. 

Es decir, no hay nombre, edad, sexo o rasgos identificables. 

Ante esto, uno no puede evitar preguntarse: 

  • ¿Cómo se atreven los desaparecidos a desaparecer sin llenar correctamente el formulario?
  • ¿Dónde quedó su sentido de responsabilidad cívica? 

Tal vez el verdadero problema no sea institucional, sino la falta de disciplina de quienes se esfuman sin dejar expediente completo.

Luego están los más de 40 mil casos donde “se observó actividad posterior a la desaparición”. 

Aquí es donde la narrativa alcanza niveles francamente milagrosos. 

Personas reportadas como desaparecidas que, según los registros, siguen activas. 

  • ¿Resurrecciones administrativas?
  • ¿Errores sistemáticos?
  • ¿O simplemente la cómoda conclusión de que, si hay movimiento en el sistema, entonces no pasa nada?

Claro, también cabe la reprimenda: ¿qué se creen los familiares? 

  • ¿Qué es obligación de la autoridad dar seguimiento a los casos?
  • ¿Que deben verificar si la persona apareció o no? Por favor. 

En este país, hasta los desaparecidos deberían tener la cortesía de reportarse solos.

Finalmente, tenemos poco más de 43 mil casos sin actividad desde su reporte. 

Pero tampoco exageremos: 43 mil desaparecidos “reales” ya no suena tan escandaloso cuando se diluye entre categorías, tecnicismos y presentaciones científicas a las que solo les faltó el fondo musical de la marcha triunfal de Aída de Verdi.

Sin embargo, en esta fastuosa puesta en escena hubo ausencias notables.

La primera: los aproximadamente 72 mil cuerpos y restos humanos sin identificar en los SEMEFOS de todo el país. 

Un pequeño detalle.

Una cifra incómoda. 

Un conjunto de seres humanos que no terminan de encajar en la narrativa: no sabemos si son estadísticamente muertos, desaparecidos, o si —siguiendo la lógica oficial— simplemente no han actualizado su estatus en la base de datos.

La segunda ausencia es aún más grave: el análisis integral. 

Porque si alguien se atreviera a sumar esos 72 mil restos congelados, más los 43 mil desaparecidos “sin actividad”, más las cifras de muertes violentas en sus acumulados al primer trimestre del 2026, el resultado no sería una presentación elegante ni una cifra administrable. 

Sería, más bien, un retrato brutal de uno de los países más violentos y peligrosos del mundo; con cerca de 100 homicidios diarios y un estimado de 35,500 crímenes violentos por año, la cuarta transformación y su engendro el segundo piso o sótano llevan acumulados 277,000 muertes violentas entre 2018 y 2025.

Pero claro, eso rompería la narrativa.

Y en este México mágico, lo importante no es que la realidad encaje con los datos… sino que los datos encajen con el discurso.
Arturo Cueto
Economista por la Facultad de Economía de la UANL. Ha sido funcionario de organismos empresariales y del sector público, estatal y federal. Micro empresario y profesionista independiente desde hace 20 años. Se desempeña como promotor cultural.