Mis tres aproximaciones homosexuales

¿De política? Ya hasta los boleros de Escobedo y/o Paras entre Morelos y Padre Mier te dan una actualizada muy realista.
Bueno, ahí les van mis tres aproximaciones homosexuales.
La primera fué por ahí de los 11 años de edad, siendo monaguillo de Guadalupe, en la Indepe, a veces los monaguillos nos poníamos de acuerdo e íbamos en grupo al cine edén a ver películas de vaqueros, un domingo me dejaron plantado y me metí solo al cine, craso error.
Una persona del sexo masculino se sentó a mi lado izquierdo y como yo tenía la pierna izquierda cruzada sobre la derecha, extendió su mano bajo mi muslo izquierdo tocando áreas genitales y obteniendo una respuesta inmediata, cosa que comentó triunfante, salí disparado del cine y me fui a platicarle a mi mamá, quien después de la regañada de rigor me recomendó ir a confesarme con el Padre José Ochoa y Santo Remedio.
Ejerciendo mi año de servicio social en el ejido San José de Raíces, Galeana, N. (Antiguo) L, y teniendo como centro de reporte la unidad de SSA de aquellos tiempos en Galeana, la cabecera municipal, me tocó ir a entregar el informe mensual, llegando muy temprano y obligado a realizar un escala técnica en la casa de asistencia donde nos concentrábamos y enfiestábamos los pasantes de aquellas épocas (1973), fui vencido por el sueño, al despertar espontáneamente a eso de las 11:00 hrs.
Una voz masculina conocida me susurró al oído ¿Usas jabón camay?
Reconocí de inmediato la voz y contesté o te retiras de inmediato o te ganas una lección de cabronazos invisibles, hasta yo me asusté de lo agresivo que me escuché.
La raza me comentó tiempo después que en una borrachera, el susodicho les había platicado de dicha experiencia con llanto, revelaciones de enamoramiento y cosas íntimas sentimentales de él hacia mi persona, yo me retiré firme y determinante, nada que hacer ahí.
Ya casi para jubilarme en el baño de vapor del gimnasio donde acostumbro ir, estaba un domingo por la tarde disfrutando de la sucursal del infierno y se abre súbitamente la puerta y una voz de adolescente me pregunta ¿Le gustan los hombres? Yo contesté:
Cómo te llamas para ir a repórtate, ni la cara le vi, ni comenté en la recepción, nada, una prima hermana muy apreciada me comentó, nada más 3 veces, en toda la vida, a mi esposo lo persiguen todos los días y delante de mí.
