Monterrey y Sarajevo: dos ciudades distantes con el mismo problema ambiental

Sarajevo, capital de Bosnia y Herzegovina, colapsó esta semana.
Su aire fue tan tóxico que las autoridades ordenaron no salir de casa.
La ciudad, atrapada en un valle rodeado de montañas, se convirtió en una cámara de gas.
En un afán por no frenar su crecimiento, tanto Sarajevo como Monterrey, han sacrificado la salud pública y el medio ambiente, permitiendo que las industrias operen con estándares que en un país desarrollado serían ilegales.
Nombremos a las cosas por su nombre.
Hemos caído en la trampa de las economías emergentes, naciones en ascenso que priorizan la producción sobre la calidad de vida.
Llevamos años denunciando en este y otros medios digitales, la mala calidad del aire, mientras los responsables se balancean en sus hamacas, simulando estrategias y dorándole la píldora a una población con los pulmones tiznados.
Los responsables tienen nombres y sectores específicos que operan con absoluta impunidad:
Primero, el Gobierno Federal y PEMEX.
La Refinería de Cadereyta.
Protegida desde el Palacio Nacional, lanza toneladas de veneno sin que nadie se atreva a ponerle un bozal a sus chimeneas, un filtro, un freno.
Segundo, la industria pesada y las pedreras.
Grandes fábricas y explotadores de cerros operan con normativas mínimas sin que la población o los gobiernos digan ni pío.
Tercero, el Gobierno Estatal.
La tibieza de la inspección los hace cómplices.
Para efectos prácticos, el "impuesto verde" es más un distractor y una recaudación antes que una solución.
Cuarto, los autos, el menos contaminante.
Culpar solo al parque vehicular es la estrategia cómoda de las autoridades para no confrontar a los gigantes industriales.



