
1.
El argentino se suma a la extendida crítica que se ha hecho al balompié, convertido más en un negocio y menos en un deporte capaz de generar mentes sanas en cuerpos sanos.
Pero: ¿estamos solo ante una actividad económica o también política?
2.
Que el fútbol profesional actual se rige por intereses económicos está fuera de duda.
Los clubes de las principales ligas son verdaderas empresas, que mueven muchísimo dinero a través de empleos, apuestas, derechos de transmisión y publicidad, patrocinadores, construcciones de estadios e instalaciones, turismo y ventas de artículos promocionales -una camiseta de Messi con su selección argentina se consigue por cinco mil pesos, y la de nuestros finalistas Tigres se adquiere con tres mil-.
En este año que está por terminar el Real Madrid ingresó 1,250 millones de Euros.
3.
Tal éxito económico no escapa a intereses políticos, pues los gobiernos ofrecen regulaciones a modo, impuestos especiales, o la exención de los mismos, a cambio de alianzas que repercuten en beneficios electorales y justificaciones de gastos públicos.
No son pocas las ocasiones en que los mundiales de fut han sido utilizados como instrumento de legitimación.
Basten los ejemplos de Mussolini y su fascismo en 1934, y el de la dictadura militar argentina, en el evento de 1978.
Pero volvamos a Valdano: ¿cuáles son las contradicciones de esta próxima competencia?
Tres ejemplos.
4.
La próxima Copa del Mundo, de la que seremos orgullosos anfitriones -¿usted se ufana de ella, la presume con sus parientes de Houston?-, incluye entre sus ideales promover la unidad de las naciones: ¿cómo justifica Trump tal anhelo cuando arremete un día sí y otro también contra sus vecinos del norte y del sur, amenaza con aranceles al menor disgusto y busca la expulsión de los migrantes?
