Música cargada de emociones para tres generaciones


Les platico:
Cada tocada de este grupo, de pronto se volvió concierto y sus integrantes tomaron la decisión de no entretener nunca más a los borrachos de los bares.
Se atrevieron a dar el paso para presentarse en teatros, buscando que su público les escuchara y apreciara el espectáculo que ofrecen.
Así, cada puesta en escena del Marrano Rosa, se volvió una apuesta.
Lo es todavía, porque el show business parece estar plagado de mercenarios que se van fácil por la ruta del dinero que dejan los llamados "tributos" de grupos icónicos.

El Marrano Rosa ofrece -hasta ahora- tres o cuatro conciertos al año. No más, porque sus integrantes no viven de ello, sino para ello.
En beneficio de su audiencia podrán ser más, pero antes deben hacer su propia industria dentro de la que ya existe.
Por lo pronto, creo que ya son una marca que emerge respetuosa pero irreverentemente de otra.
Para empezar, una presentación del Marrano Rosa dura al menos tres horas.
Y se vuelven cuatro fácilmente porque sin ver el reloj, mueven las emociones de quienes pagan por presenciar su arte.
El público arranca muy calladito, sentaditos todos en sus butacas, viéndolos y escuchándolos.
De pronto, comienzan a voltear a verse unos a otros sin creer el tamaño de lo que se vive en el escenario.
Al final terminan todos de pie, coreando y bailando al ritmo de un espectáculo digno de los mejores escenarios del mundo. Me cae que sí.
Son piezas del icónico grupo de rock inglés, Pink Floyd, pero el Marrano… no es un grupo “tributo”.
Roi Zerda, Rodolfo Rodríguez, Alfonso Delgado, Enrique Farías y Oscar Elizondo tocan la música de David Gilmore y Roger Waters, pero con un sello propio.
Al platicar con ellos me dicen que se inspiran en el Pink Floyd de sus conciertos en vivo y mencionan uno de ellos, el que grabaron en 1971 en las ruinas del anfiteatro romano de Pompeya.


