Como si fuera una escena de la película Náufrago (2000) protagonizada por el galardonado actor Tom Hanks, es como me vi al adentrarme en una pequeña isla al sureste del país con motivo de acompañar a apreciados novios familiares de la tía de mi madre que se casaban al atardecer.
Pero tuve mala suerte al perder el barco taxi que zarparía con los demás invitados incluyendo al juez del registro civil, ya que mi vuelo salió retrasado y por ende tuve que contratar a un (experto) empírico lanchero del puerto quien me aseguró que conocía todas las islitas a la redonda.
La ceremonia comenzaría a las 6:00 pm. Así que siendo las 5:00 de la tarde, juré que llegaríamos a tiempo para escuchar el SI ACEPTO de los novios.
Le pregunté a mi salvador lanchero su nombre y me dijo que se llamaba Pepe, pero la gente le decía Kevin.
Aproveché para asegurarme de su ruta a seguir y me dijo que llegaríamos al encuentro nupcial en una hora.
Y eso me intranquilizó un poco. No sin antes ver qué de la pesada lanchita brotaba el humo del motor y el aroma a combustible.
Por fin, al acercarnos a la isla prometida me confío que en 10 minutos llegaríamos a tocar tierra que no me preocupara porque él conocía (nuevamente mencionó) la paradisiaca zona de las islas.



