No me ayude mister
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El martes de la semana pasada cuando iba al banco en Frisco, un próspero suburbio de Dallas, Carlos Treviño, director de Pemex en el último año de gobierno de Enrique Peña Nieto, fue detenido por agentes migratorios.
La víspera, México había expatriado a otros 26 narcotraficantes a Estados Unidos.
Estos eventos fueron interpretados como un intercambio, aberrante por definición, al canjear a un presunto delincuente de cuello blanco por narcotraficantes, que fue visto en ambos países como algo normal.
El timing de la captura empatado con la expatriación definió con claridad los intereses de ambos países, como lo explicó un abogado, para Estados Unidos el objetivo final es acabar con el fentanilo y los narcogobiernos que se están construyendo en México.
Y para este país, en la percepción de Washington, es el show de la mañanera, regalándole a la presidenta ingredientes para la narrativa del régimen contra el pasado.
Sin embargo, la felicidad no fue recíproca. Treviño no era una prioridad para Sheinbaum. De hecho, es más preocupación que satisfacción.








