"No somos uno, ni somos 100…”

Lo importante era no llegar tarde al inicio del mítin de ciudadanos en defensa del Instituto Nacional Electoral (INE), cuya suerte está ahora en manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Arribamos justo a tiempo para escuchar a los oradores.
No teníamos prendas de color rosa, como casi toda la gente, pero eso no fue obstáculo parea integrarnos de inmediato entre todos, casi al pie de la estatua de Miguel Hidalgo (el original padre de la Patria) y de frente a la fachada magnífica del Palacio de Cantera (así se le llama al Palacio de Gobierno en Nuevo León) que no me canso de admirar cada vez que puedo.
Notamos de inmediato que la multitud era heterogénea en edad y sexo, en indumentaria y aspecto, quizá habría ligeramente más personas mayores.
Parecía un abanico de regiomontanos desde el de sombrero norteño hasta el de los lentes oscuros elegantes.
Difícilmente nos reuniríamos tantos regios tan distintos en recintos privados, pensé, pues cada uno vive en su propio mundo.
Ahí capté la magia del momento: la plaza pública, el espacio de todos, nos iguala en la figura de ciudadanos y nos recuerda el poder de nuestras voces cuando se elevan juntas ante las arbitrariedades de los gobernantes.

Las nubes se disiparon y brilló un sol esplendoroso, pero que nos castigaba duro a los jóvenes adultos mayores.
No importaba, pues la primera oradora, una joven de 17 años, decía con entusiasmo que votaría por primera vez en la elección nacional del 2024 y pedía respeto para su voto.
Hablaba rápido y con pasión contagiante:



