Fronteras

José Luis Galván Hernández DETONA®  Nuevo Laredo, no solo es una esquina de México. Es el sitio donde el país se mira en un espejo incómodo.

Por José Luis Galván Hernández
José Luis Galván Hernández
Foto: cortesía.
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De un lado, el Río Bravo.

Del otro, una nación que levanta muros mientras sigue necesitando las manos que los construyen. 

Entonces regresó a mi memoria La frontera de cristal, de Carlos Fuentes: 

Esa línea donde dos mundos pueden verse sin alcanzarse, hoy el cristal ha perdido transparencia, se ha vuelto acero, alambre y decreto, la frontera ya no sólo divide territorios; divide la esperanza. 

Llegué a esa cuidad a un evento del CONOCER, para entregar certificados y la placa del Comité de Gestión por Competencias a la UNT México Global University, que recibió su rector Francisco Chavira.  Pero el verdadero acontecimiento no estaba en el protocolo. 

Entre el presídium estaba un gran amigo: 

Sergio Arana, diputado nacional de Guatemala. 

Su presencia alteró el mapa, ahí, en el extremo norte del continente, irrumpía el sur, comprendí cuánto nos obsesiona la frontera con Estados Unidos y qué poco pensamos en la otra, la que compartimos con Centroamérica. 

Miramos hacia Washington buscando respuestas y olvidamos que también somos el norte de quienes llegan desde Guatemala, Honduras o El Salvador con la misma mezcla de miedo y esperanza con la que tantos mexicanos alguna vez caminaron hacia el Río Bravo. 

Frente a un auditorio lleno de jóvenes dije que el conocimiento no necesita pasaporte. 
  • Que los muros pueden contener cuerpos, pero nunca las ideas.
  • Que la educación es la única frontera que se ensancha mientras más personas la cruzan. 

En ese momento, Nuevo Laredo dejó de ser una aduana para convertirse en un puente invisible entre Tamaulipas y Guatemala, entre dos extremos de una misma geografía latinoamericana. 

Meses antes había recorrido otras fronteras. 

En Tijuana, donde suele decirse que comienza la patria, la realidad cambia de idioma en apenas unos pasos, basta atravesar el Cross Border Xpress para descubrir que la distancia entre dos países puede medirse en un pasillo de un aeropuerto. 

De un lado, los cerros poblados de casas que desafían la gravedad; del otro, la impecable geometría de San Diego y la sombra inmensa del portaaviones USS Midway, ese museo flotante donde el poder militar parece descansar sin dormir nunca. 

Dos ciudades se observan todos los días a través de un cristal que deja pasar la luz, el comercio y los dólares, pero rara vez la comprensión. 

En Ciudad Juárez, el antiguo Paso del Norte, la arena conserva otra memoria. 

Allí el viento no sólo levanta polvo, también remueve los nombres de las mujeres asesinadas, jóvenes obreras de maquiladora cuya vida valía menos que la mercancía que producían. 

Fuentes escribió que para algunos patrones el mexicano parecía hecho para trabajar pegado a la tierra. 

Hoy esa vieja deshumanización cambió de discurso, pero no de fondo. Se reciben los brazos que producen riqueza y se rechaza el rostro que reclama dignidad. 

Después de recorrer estas tres fronteras entendí que ninguna empieza ni termina en un río o en una cerca. 

Las fronteras verdaderas habitan la imaginación de los pueblos. 

Se levantan cuando el miedo sustituye a la solidaridad y caen cuando el otro deja de verse como extranjero para convertirse en semejante. 

Quizá por eso la imagen más poderosa de este viaje no fue un muro, ni una garita, ni el cauce del Bravo. 

Fue la de un diputado guatemalteco y un grupo de universitarios tamaulipecos reunidos en Nuevo Laredo hablando de conocimiento.

 Mientras la política insiste en levantar fronteras, la educación sigue haciendo lo contrario: 

Tender puentes. 

José Luis Galván Hernández
José Luis Galván Hernández es originario de Monterrey, N L. Licenciado en Derecho y Ciencias Jurídicas y estudios de maestría en Letras Españolas, ambos por la Universidad Autónoma de Nuevo León; Máster en Derecho Público por la Universidad de Valencia, en España. Tiene estudios de artes dramáticas en la Escuela de Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras, así como en el Centro de Capacitación Artística de Televisa. Ha escrito varias obras de teatro como: “Una Historia en común”, “Desde un Teatro”, “La alegría del querer”, “El Zoológico del futuro”, entre otras. Escritor de la biografía de “Pepe Maiz, su vida hasta extrainnings”. Actor, editorialista, productor de teatro y televisión. Además ha laborado como funcionario público por más de treinta años en el ámbito cultural, desarrollo humano, entre otros, a nivel municipal, estatal y federal. Fue Diputado en la Legislación LXXIII del H. Congreso de Nuevo León. Desde el año 2009 es editorialista en diversos periódicos reconocidos, tanto en medios digitales como impresos.