País sin ley

Francisco Franco advirtió al entonces príncipe Juan Carlos, tras unas declaraciones desafortunadas en Estados Unidos:
- No olvide que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.
La presidente increpa a un colaborador en Tulum que cumple con las leyes al privilegiar la recuperación ambiental por encima de la infraestructura turística, lo que suscitó el reclamo de operadores turísticos.
La mandataria fue enfática:
- Cuando la norma se pone por encima de la gente y del sentido común, entonces mal.
- Entonces no cumplas la norma.
No es un desliz. No es una frase. Es la radiografía de una forma autoritaria de gobernar.
El autoritario hace prevalecer su voluntad sin límites. La autoridad que no conoce freno.
El impulso que avasalla en nombre de la interpretación del deseo popular o el sentido común que, sabemos, es el menos común de los sentidos.
Subrayo la congruencia del morenato:
- López Obrador anuló la reforma educativa inscrita en la Constitución, neurálgica para el futuro nacional, mediante un decreto.
- Canceló el aeropuerto mediante una consulta chafa que validó lo que él ya había decidido.
- Cuando la Suprema Corte de Justicia invalidó su reforma eléctrica, fue cuando escupió su desprecio por las instituciones y el Estado de Derecho: “No me vengan con que la ley es la ley”.
- Luego vendrían la destrucción del Poder Judicial y el golpe contra la democracia que es la sobrerrepresentación.
La presidenta corrobora esa pulsión autoritaria.
Pero lo hace en un mal momento. Porque hay otro hombre, en el norte, que cree lo mismo y que está dispuesto a aplicar esa norma contra México.




