
1.
Un amigo común, al terminar la ceremonia, le reclamó:
- “¿Por qué no dijiste que fue un hijo de la…, criminal que no alcanzó la cárcel gracias a sus palancas, y que debería estar en el más profundo de los infiernos?”.
- “Yo solo hablo de la cualidades que tuvieron los muertos en vida -respondió el cura- no de sus defectos. Si tú mueres primero que yo, y celebro tu homenaje final: ¿menciono todas las sombras que conozco de ti, o solo resalto tus luces?”.
2.
Tal benevolencia de juicio se da también con tres eventos festivos en este mes de mayo: el uno, día de los trabajadores; el 10, de las madres y el 15 de los maestros.
Las tres celebraciones gozan de gran popularidad, al grado que los festejados -aunque no siempre las mamás- disfrutan no solo de felicitaciones en esa fecha, sino también de prebendas como asuetos, regalos, tarjetas coloridas y creativas, etc.
Me parece que, los tres casos, están revestidos de una aureola santificadora, que sí reconoce sus innegables méritos, pero también oculta sus evidentes defectos.
3.
- ¿Todos los trabajadores son responsables, esforzados, disciplinados y honestos?
Obvio que no, y celebrar su día olvidando las condiciones que muchos de ellos enfretan es poco menos que sádico.
- ¿Cuánto tiempo destina para trasladarse, en camiones que tardan las horas para pasar, una empleada doméstica que vive en Juárez y trabaja en San Pedro?
- ¿Cuántas personas disfrutan verdaderamente su empleo?
La celebración, más que desfile y asueto, debería ser un espacio de reflexión y análisis para mejorar las condiciones laborales de tantas personas que sufren su trabajo.
4.
¿Todos los maestros son como María Félix-Rosaura, que recibe del presidente de la república la comisión para alfabetizar un remoto pueblo de Coahuila, conocido como Río Escondido -título del film-, y que asume el encargo como un apostolado, una misión en la que, incluso, pondrá en riesgo su vida?
Obvio no.
Y mientras los hay abnegados, como Sidney Poitier en Al maestro con cariño, también existen otros que vegetan en el aula, no preparan sus lecciones y navegan en el mar de la mediocridad.
Ellos también merecen mejores condiciones para desempeñar su labor.
