Olinia, y una norma oficial Mexicana a la medida

Pero toda semilla lleva inscrito su porvenir.
Y esta germina ya con una grieta, porque para que el coche echara a andar no se subió el vehículo a la norma, sino que se bajó la norma al vehículo.
Conviene recordar de dónde viene esa norma, sin maquillaje, durante años, las armadoras nos vendieron autos que jamás habrían colocado en sus propios mercados:
- Sin bolsas de aire.
- Sin frenos antibloqueo y con carrocerías de papel.
La NOM-194-SE-2021 puso fin a ello, no como capricho burocrático, sino como una conquista que costó vidas imponer y que obliga por igual a toda marca que venda en el país, es, en sentido literal, el piso parejo.
Pues bien, el Olinia fue diseñado deliberadamente fuera de ese piso, para no tener que alcanzarlo. Y como la pieza no embona en la regla, la Secretaría de Economía prepara —para el segundo semestre del año— una NOM nueva, hecha a modo, que inaugure una categoría de «seguridad intermedia», a medio camino entre la motocicleta y el automóvil.
Traducido del eufemismo, un vehículo autorizado a circular sin bolsas de aire, menos pruebas de choque y menos exigencia estructural que cualquier marca privada.
El árbitro bajó a la cancha, se vistió la camiseta local y reescribió el reglamento para que su jugada valiera doble, con ello abrirá una caja de Pandora.
Esa categoría laxa nos inundará de minivehículos asiáticos que desplazarán al modelo presidencial y cobrarán una enorme cuota en vidas.
¿Y qué autoriza esa rebaja? Las cifras oficiales dibujan un vehículo modesto:
Cincuenta kilómetros por hora de tope, motor de 13.5 kilovatios y autonomía de apenas 125 kilómetros por carga —una fracción de los trescientos a quinientos de cualquier eléctrico—, a 150 mil pesos, para el verano de 2027.
Que un urbano tenga prestaciones limitadas no es reprochable, lo grave es la inversión de la lógica, en vez de fabricar un eléctrico capaz de aprobar la NOM-194 con holgura —la verdadera proeza—, se diseñó uno que necesita una excepción para sobrevivir, y se cantó victoria.
No se cumplió la misión, se rebajó hasta poder declararla cumplida.
Aquí la grieta deja de ser metáfora y enciende una alerta.
No es la primera obra que se inaugura entre ovaciones y luego revela fallas.
La Línea 12 del Metro, bajo la responsabilidad política de quien hoy gobierna el país, se desplomó en 2021 y dejó veintiséis muertos por fallas de diseño y construcción confirmadas por los peritajes.
El Tren Maya acumula descarrilamientos, el Interoceánico descarriló en diciembre, Dos Bocas se inauguró sin terminar y el AIFA, opera a fuerza de subsidio.
El patrón se repite, la ceremonia se adelanta a la ingeniería y el calendario político manda sobre la exigencia técnica.
Trasladada esa prisa a un objeto que circulará con familias adentro, entre tráileres y microbuses cavernícolas, la advertencia deja de ser ideológica y se vuelve cuestión de vidas.




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