
El también director de ese medio digital se respondió: “Nada”.
Pablo se refiere al episodio que viví el lunes durante una entrevista con Israel Vallarta, quien —como escribí aquí el martes— advirtió que me acusaría en tribunales por concederle credibilidad a víctimas que lo señalan como el hombre que las secuestró.
Concluyó: “Si Vallarta cumple su amenaza de llevarlo ante los tribunales del acordeón, Gómez Leyva la tiene perdida; el poder protege a los suyos, no a las víctimas; únicamente quedará la defensa gremial, hasta donde tope”.
Agradezco, y mucho, la solidaridad y la generosidad expresada en la columna.
Pero discrepo de su conclusión: lo que me quedará será defenderme.
Desconozco si Vallarta procederá en mi contra y qué buscará con ello.
Si lo hace, buscaré a la mejor defensa posible y lo enfrentaré en los tribunales.
Él está en su derecho de proceder; yo, en el de defenderme.
Y créeme, Pablo: aun en los tribunales del acordeón, sería un buen pleito.


