
1.
Establecen el derecho a recibir información veraz y oportuna; prohíben la difusión de información falsa, inexacta o descontextualizada; obligan a distnguir entre noticia y opinión; y contar con un Código de Ética. Así leído suena muy bonito.
2.
Sin embargo, la iniciativa de inmediato ha encontrado serias objeciones, especialmente en la llamada comentocracia.
Sus críticas se centran en una seria advertencia: el Estado es el que terminará siendo el gran defensor-censor, definiendo lo que es veraz o no, lo que está contextualizado o no, lo que es noticia u opinión.
Hay un intento de censura -insisten los críticos- que toma las características de autocensura, pues ella no se aplicará de manera violenta, aunque habrá multas y castigos, sino que la misma prensa aprenderá a callarse ella sola.
3.
Se añade que, sobre todo en la administración federal anterior, pero también en esta, desde La Mañanera se han divulgado afirmaciones falsas -“otros datos”-, señalamientos a periodistas revelando sus ingresos económicos, estigmatización de adversarios, etc., sin que se otorgue el derecho de réplica, ni se reconozcan las mentiras expresadas.
Estaríamos, insisten, ante una “comisión de la verdad”, en la que la autoridad decidirá cuándo ella aparece, y en qué momento se desvirtúa. Se sospecha, y con fundamento, que tales “lineamientos” buscan favorecer el actual…
