¿Hacia dónde se mueve el péndulo latinoamericano?

Arturo Cueto DETONA® Si Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú son finalmente declarados ganadores de las elecciones presidenciales celebradas el pasado domingo en sus respectivos países, el péndulo político, electoral e ideológico de América Latina habrá dado un nuevo paso hacia la derecha.

Por Arturo Cueto
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Foto ©️BBC Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda Castro, candidatos a la presidencia de Colombia.
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No sería la primera vez.

La historia política latinoamericana parece moverse por ciclos. 

A veces avanza hacia proyectos estatistas, nacionalistas o de izquierda; en otros momentos gira hacia opciones liberales, conservadoras o de centroderecha. 

Es un fenómeno recurrente que algunos analistas han denominado el “péndulo latinoamericano”.

Si se confirman los resultados preliminares de Colombia y Perú, el mapa político regional mostraría aproximadamente entre 10 y 11 gobiernos de derecha o centroderecha frente a 6 o 7 gobiernos de izquierda o centroizquierda. 

En otras palabras, entre el 60 y el 65 por ciento de los gobiernos latinoamericanos estarían encabezados por fuerzas identificadas con la derecha o la centroderecha.

Sin embargo, los números por sí solos pueden ser engañosos.

Cuando observamos la población total de la región, la fotografía cambia de manera importante. 

Los dos gigantes demográficos latinoamericanos siguen siendo Brasil y México. 

Juntos concentran cerca de la mitad de la población de América Latina y una proporción igualmente significativa de su actividad económica.

Por ello, aunque la derecha gobierne un mayor número de países, la izquierda o centroizquierda continúa gobernando a una parte muy importante de los latinoamericanos. 

De hecho, considerando a Brasil, México, Uruguay, Honduras, Venezuela, Cuba y Nicaragua, alrededor de 408 millones de personas vivirían bajo gobiernos ubicados en ese espectro ideológico, lo que representa aproximadamente el 60 por ciento de la población regional.

Si hablamos estrictamente de gobiernos que se autodefinen como socialistas o revolucionarios, la cifra es mucho menor. 

Cuba, Venezuela y Nicaragua reúnen en conjunto alrededor de 45 a 50 millones de habitantes, apenas el 7 por ciento de la población latinoamericana.

Por ello, más que una victoria definitiva de una ideología sobre otra, lo que parece observarse es una nueva oscilación del péndulo.

Durante los años 2000 a 2014 predominó la llamada “marea rosa”. 

Entre 2015 y 2019 se fortalecieron diversas expresiones de derecha. 

Entre 2020 y 2024 se produjo un nuevo auge de gobiernos de izquierda. 

Y ahora, entre 2025 y 2026, observamos nuevamente señales de desplazamiento hacia posiciones más conservadoras o liberales.

¿Por qué ocurre esto?

Quizá porque el elector latinoamericano suele ser menos ideológico de lo que algunos analistas imaginan y mucho más pragmático de lo que los partidos políticos quisieran admitir.

Cuando la inseguridad aumenta, cuando la economía se estanca, cuando el empleo disminuye o cuando la corrupción se vuelve evidente, el ciudadano suele castigar al gobierno en turno, independientemente de si éste se identifica con la izquierda o con la derecha.

La pregunta interesante es si los resultados de un país influyen en los demás.
  • ¿Observan los mexicanos lo que ocurre en Argentina?
  • ¿Los colombianos analizan lo sucedido en El Salvador? ¿Los peruanos comparan su situación con la de Chile o Ecuador?

Todo indica que sí, al menos parcialmente.

Las redes sociales, los medios digitales y la creciente interconexión regional permiten que los ciudadanos observen experiencias ajenas casi en tiempo real. Si un gobierno logra reducir significativamente la criminalidad, atraer inversión, generar empleos o mejorar indicadores educativos, esos resultados comienzan a formar parte de la conversación pública regional.

No necesariamente se copian los modelos, pero sí se observan los resultados.

Y aquí surge la pregunta inevitable para México.

  • ¿Qué podemos esperar cuando ya se encuentran tan próximas las elecciones intermedias de 2027, en las que se renovarán 17 gubernaturas, la Cámara de Diputados, el Senado y miles de alcaldías en todo el país?
  • ¿Podrían esos comicios convertirse en el primer gran termómetro rumbo a la elección presidencial de 2030?
Arturo Cueto
Economista por la Facultad de Economía de la UANL. Ha sido funcionario de organismos empresariales y del sector público, estatal y federal. Micro empresario y profesionista independiente desde hace 20 años. Se desempeña como promotor cultural.