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Ya alguna vez le comentaba que cuando esta columna se dedica a economía, baja el número de lectores, pero lo hace aún más cuando el tema es internacional.
Supongo que ahora, que tenemos que escribir de economía internacional, el asunto debe empeorar. Pero en este camino nos ha puesto Trump.
Él argumenta que el mundo entero ha abusado de Estados Unidos, mediante el sistema de reglas y organizaciones que ese mismo país creó hace 80 años.
Para terminar con ese abuso, quiere que se vuelva a invertir en todo tipo de manufacturas, y para eso quiere cerrar su mercado.
Además, ya no quiere el papel de “policía mundial”, y quiere que el dólar se deprecie.
Ya hemos comentado que sus objetivos son contradictorios, por lo que sus medidas no lograrán lo que busca.
Ya debería ser evidente que eso mismo piensan los mercados, que se han hundido desde el 3 de abril.
Los problemas que dice querer resolver ni siquiera existen.
El déficit comercial de Estados Unidos no es un problema serio, especialmente cuando se considera el superávit en servicios.
La deuda pública, aunque elevada, tiene margen para un trabajo serio de reducción del déficit, y no se necesitan los machetazos de Musk.
Algunos creen que en realidad no se trata ni de esos problemas, ni de esas soluciones, sino de la destrucción del sistema de posguerra, sin que tengamos claro qué podría construirse a cambio.
Hay quienes creen que ni siquiera han pensado en eso, sino simplemente en la concentración de poder en la persona de Trump.
Algo así como cancelar la construcción del aeropuerto para dejar claro quién manda.

