
Estados Unidos facilitaría, además, un avión Hércules C-130 que se llevaría a 60 marinos mexicanos desde el aeropuerto de Toluca el 18 de enero y los traería de vuelta el 13 de marzo.
Era un asunto simple, fácil de sacar.
La Presidenta remitió el oficio al Senado el 17 de diciembre y se esperaba la aprobación entre el 5 y el 7 de enero.
Pero no ocurrió.
Se les pasó a todos, se descuidaron o algún estratega ordenó no hacerlo para no dar la impresión de sometimiento a Washington.
Al no hacerse, se incurrió en la ilegalidad de trasladar sin autorización de por medio a los 60 marinos y se abrió la puerta al oscuro aterrizaje de un avión de las Fuerzas Armadas estadunidenses en Toluca.
De ese tamaño es la soberbia o falta de interés de la mayoría parlamentaria 4T, y del gobierno, por cumplir la ley.
Saben que no habrá consecuencias, que la FGR “autónoma” no investigará delito ninguno y que el Senado no emitirá extrañamientos.

