Políticas públicas: necesidad o capricho

Javier Treviño DETONA® Analiza el desarrollo de las políticas públicas que tiene lugar en las democracias, y en cuyos gobiernos sofisticados se pondera los intereses, recursos y tiempo.

Por Javier Treviño Cantú
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Foto tomada de la red
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En toda democracia las políticas públicas nacen de una tensión permanente entre dos fuerzas: la necesidad y el capricho. 

La primera surge de problemas reales que demandan soluciones colectivas, el segundo aparece cuando el poder político utiliza al Estado para imponer preferencias personales, símbolos ideológicos o decisiones improvisadas. 

Distinguir entre ambas cosas no siempre es sencillo, pero es una tarea indispensable para evaluar la calidad de los gobiernos.

La literatura sobre políticas públicas explica cómo se toman las decisiones públicas y por qué algunas producen beneficios duraderos mientras otras terminan en frustración o desperdicio de recursos. 

A Practical Guide for Policy Analysis, del profesor de Berkeley Eugene Bardach, propone un método para analizar políticas basado en identificar problemas, evaluar alternativas y anticipar consecuencias antes de actuar. 

Su premisa es sencilla: 

  • las políticas públicas deben diseñarse como respuestas racionales a problemas concretos, no como ejercicios de improvisación política.
En contraste, muchas decisiones gubernamentales nacen del impulso del momento. 

Tomé clases en Harvard con Graham Allison.

 En su libro clásico Essence of Decision, mostró que las decisiones públicas no siempre siguen un modelo racional, muchas veces emergen de rivalidades burocráticas, presiones políticas o percepciones incompletas de la realidad. 

En otras palabras, incluso en gobiernos sofisticados, la política pública puede derivar más de la dinámica del poder que de un análisis cuidadoso, el problema aparece cuando esa dinámica desplaza completamente a la evidencia y al análisis.

El arte de diseñar políticas necesarias

Diseñar políticas públicas por necesidad exige partir de un diagnóstico claro, los gobiernos enfrentan problemas complejos —crecimiento económico, seguridad, salud pública, infraestructura, educación— que requieren decisiones que equilibren intereses, recursos y tiempo.

El profesor de Berkeley Aaron Wildavsky describía este proceso como “el arte de decir la verdad al poder”. 

El análisis de políticas públicas consiste precisamente en traducir conocimiento técnico en decisiones que puedan mejorar la acción del gobierno.

En el mismo sentido, el politólogo italiano Giandomenico Majone explicó en Evidence, Argument, and Persuasion in the Policy Process que la formulación de políticas no es solamente una cuestión técnica: 

También implica construir argumentos basados en evidencia que persuadan a los responsables políticos y a la sociedad.

Las mejores políticas públicas, por tanto, suelen tener tres características. 

  • Primero, responden a un problema real y verificable.
  • Segundo, se basan en evidencia y evaluación.
  • Tercero, incorporan mecanismos de ajuste.

Como explicó el economista Charles Lindblom, la política pública rara vez se diseña de manera perfecta desde el inicio, lo más común es avanzar mediante ajustes graduales —lo que él llamó “incrementalismo”— aprendiendo de la experiencia y corrigiendo errores sobre la marcha.

Este enfoque incremental puede parecer modesto, pero en realidad es profundamente pragmático. 

Reconoce que los gobiernos operan en un mundo complejo donde las decisiones deben tomarse con información imperfecta y donde los efectos de una política solo pueden observarse plenamente con el tiempo.

Cuando la política se convierte en capricho

Las políticas públicas se vuelven caprichosas cuando dejan de responder a problemas reales y pasan a obedecer impulsos políticos, cálculos electorales o símbolos ideológicos. 

En esos casos, el gobierno actúa más como un actor político que busca consolidar poder que como un administrador responsable de bienes públicos.

El resultado suele ser previsible: 

  • políticas mal diseñadas.
  • instituciones debilitadas y recursos desperdiciados, la literatura académica ha documentado varios patrones que explican este fenómeno.

Uno de ellos es lo que algunos politólogos llaman la “inflación de políticas”: 

Gobiernos que producen constantemente nuevas leyes o reformas no porque resuelvan problemas, sino porque buscan enviar señales políticas o satisfacer demandas simbólicas.

Otro patrón es la “sobreconstitucionalización”, es decir, cuando los gobiernos elevan a rango constitucional decisiones que en realidad deberían resolverse mediante legislación ordinaria o políticas administrativas.

También existe lo que el investigador Bent Flyvbjerg ha descrito en sus estudios sobre grandes proyectos públicos como una combinación peligrosa de optimismo político y cálculo estratégico:

Los promotores de ciertas políticas o proyectos tienden a subestimar costos, exagerar beneficios y minimizar riesgos para lograr su aprobación.

En estos casos, la política pública deja de ser una herramienta para resolver problemas colectivos y se convierte en un instrumento de narrativa política.

Democracia, conocimiento y decisiones colectivas

Una democracia saludable necesita mecanismos para reducir la probabilidad de decisiones caprichosas, uno de esos mecanismos es el debate público informado. 

El periodista y analista James Surowiecki argumentó en The Wisdom of Crowds que las decisiones colectivas pueden ser sorprendentemente acertadas cuando incorporan información diversa y deliberación abierta. 

Sin embargo, este principio solo funciona cuando las instituciones permiten que diferentes perspectivas participen en el proceso de decisión.

Las políticas públicas rara vez se elaboran en aislamiento. 

Como explica la teoría del proceso de políticas públicas desarrollada por el profesor francés Paul Sabatier, en la formulación de una política intervienen múltiples actores: agencias gubernamentales, legisladores, grupos de interés, académicos, periodistas y organizaciones sociales.

Este entramado institucional puede parecer complejo o incluso caótico, pero cumple una función crucial, introduce frenos y contrapesos que obligan a examinar las decisiones desde distintos ángulos.

Cuando estos contrapesos se debilitan —por ejemplo, cuando la deliberación legislativa se vuelve meramente formal o cuando el debate público se sustituye por propaganda— el riesgo de decisiones caprichosas aumenta considerablemente.

Javier Treviño Cantú
Javier Treviño es Vice Presidente de Walmart para México y Centroamérica. Fue Director General Ejecutivo del Consejo Coordinador Empresarial, CCE. Además es Fundador y Presidente de la consultoría Javier Treviño y Asociados. Es Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y Maestro en Políticas Públicas por la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard. En el Gobierno Federal, se desempeñó como Subsecretario de Educación Básica; Subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas; Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; Subsecretario de Cooperación Internacional de la Secretaría de Relaciones Exteriores; y Ministro de Información y Vocero en la Embajada de México en los Estados Unidos durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. Javier Treviño fue Asesor del Secretario de Desarrollo Social Luis Donaldo Colosio; Secretario General de Gobierno de Nuevo León y Diputado Federal por Nuevo León. En el sector privado, fue Vicepresidente Senior de Comunicación y Asuntos Corporativos de CEMEX. Fue miembro fundador y Vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. Es miembro del Consejo de la Fundación de El Colegio de México. Es miembro fundador del Consejo Asesor del Mexico Institute del Woodrow Wilson Center. Es miembro del Consejo del Center for U.S.-Mexican Studies de la Universidad de California, San Diego. Y ha sido miembro de los consejos de la Fundación para las Américas de la OEA y del North American Center de Arizona State University.