Presupuestar lo impredecible

Cada septiembre, México discute el futuro mirando principalmente por el espejo retrovisor.
Debatimos cuánto crecerá la economía, cuánto recaudará el gobierno, cuál será el precio del petróleo, cuánto costará la deuda, qué programas recibirán más recursos y cuánto podremos gastar sin poner en riesgo las finanzas públicas.
Son preguntas indispensables.
Pero un nuevo estudio de Karen Dynan, Douglas Elmendorf y Louise Sheiner plantea una pregunta mucho más inquietante:
- ¿qué pasa si la inteligencia artificial comienza a transformar la economía más rápido que nuestra capacidad para presupuestarla?
El estudio “How Might Fiscal Policy Respond to the Rise of Artificial Intelligence?”, publicado por el National Bureau of Economic Research, no intenta adivinar el futuro.
Hace algo más útil: construye escenarios.
Sus autores reconocen que nadie sabe todavía con certeza cuánto elevará la IA la productividad, cuántos empleos desplazará, cómo modificará los salarios ni qué proporción del nuevo ingreso terminará en manos de los trabajadores o de los propietarios del capital.
Precisamente por esa incertidumbre sostienen que la política fiscal necesita nuevas herramientas.
Todo eso importa.
Pero hay una pregunta que prácticamente todos los gobiernos del mundo tendrán que incorporar muy pronto a sus presupuestos:
¿qué le hará la IA a las finanzas públicas?
Cuatro futuros
Dynan, Elmendorf y Sheiner construyen cuatro escenarios ilustrativos:
En el primero ocurre algo cercano al sueño tecnológico:
La IA eleva sustancialmente la productividad, aumenta el ingreso nacional y los beneficios se distribuyen aproximadamente como se distribuye hoy el ingreso.
Más productividad significa más crecimiento.
Más crecimiento genera mayor recaudación.
Y una economía mayor hace que la deuda existente pese menos como proporción del PIB. E
ste es el escenario que todos quisiéramos.
Pero existe un segundo.
La productividad aumenta igualmente, pero los beneficios se concentran entre las personas de mayores ingresos.
La economía crece, pero también la desigualdad.
El tercero añade desplazamiento laboral.
La IA sigue creando riqueza, pero simultáneamente elimina determinadas ocupaciones.
Algunos trabajadores encuentran nuevos empleos; otros tardan mucho más en hacerlo; algunos terminan abandonando la fuerza laboral.
Y existe un cuarto escenario mucho más disruptivo: enorme aumento de productividad, desplazamiento significativo de trabajadores y concentración de prácticamente todo el ingreso adicional en los propietarios del capital.
Lo extraordinario es que en los cuatro casos podemos afirmar que la IA fue “exitosa”.
La productividad aumentó.
Pero las sociedades resultantes son radicalmente diferentes.
Ahí está la gran lección del estudio:
Crecimiento económico y bienestar social pueden dejar de viajar automáticamente en el mismo vehículo.
Crecer ya no será suficiente
Durante décadas, buena parte de la política económica se construyó alrededor de una lógica razonable: elevar productividad, inversión y crecimiento, porque sus beneficios eventualmente se transmiten mediante empleo, salarios, consumo y recaudación.
La IA podría alterar algunos de esos mecanismos.
Imaginemos una empresa que duplica su producción gracias a agentes inteligentes y automatización.
- Su productividad aumenta extraordinariamente.
- Sus utilidades también.
Pero necesita menos trabajadores.
Desde el punto de vista del PIB, puede ser una magnífica noticia.
Desde el punto de vista fiscal y social, la respuesta dependerá de algo distinto: quién recibió el nuevo ingreso.
Esta es una de las aportaciones más importantes del trabajo.
La política fiscal del futuro no podrá observar solamente cuánto crece la economía.
Tendrá que observar cómo se distribuye ese crecimiento entre trabajo y capital.
Y esto es particularmente importante para México.
Tenemos una economía caracterizada por alta informalidad, enormes diferencias regionales, empresas de productividad extraordinaria coexistiendo con millones de micronegocios de baja productividad y capacidades digitales muy desiguales.
Una revolución tecnológica puede cerrar esas brechas, o ampliarlas.
El presupuesto mexicano necesita escenarios de IA
Aquí aparece la primera propuesta concreta.
México podría incorporar en los Criterios Generales de Política Económica un capítulo permanente sobre IA, automatización y mercado laboral. No para predecir cuántos empleos desaparecerán en 2035.
Nadie puede hacerlo seriamente, precisamente lo contrario.
Hacienda podría construir escenarios.
- ¿Qué ocurre con ingresos tributarios, gasto social, seguridad social y deuda si la productividad aumenta fuertemente?
- ¿Qué sucede si aumenta la productividad pero disminuye la participación del trabajo en el ingreso?
- ¿Qué ocurre si determinadas ocupaciones administrativas, financieras, manufactureras o de servicios sufren desplazamientos rápidos?
- ¿Qué pasa si productividad, desigualdad y desplazamiento laboral aumentan simultáneamente?
El presupuesto dejaría de ser solamente un pronóstico para convertirse también en un radar de futuros posibles.


