Llegar antes
Acepté ponerme a la orden casi de inmediato.
No porque tenga todas las respuestas (de hecho, estoy bastante lejos de tenerlas), sino porque hay causas ante las que uno no necesita sabérselas todas para entender que debe participar.
Durante la platica, el gran equipo que encabeza esta campaña me compartió una realidad que está golpeando fuertemente a nuestra ciudad. Me explicaron que una parte importante del problema se presenta en hombres de entre 29 y 45 años.
El dato se me quedó dando vueltas.
Porque esa es, justamente, la edad en la que pareciera que un hombre ya debería tener la vida resuelta.
- Trabajo.
- Familia.
- Responsabilidades.
- Deudas, probablemente.
Y, por supuesto, la obligación no escrita de contestar que “todo bien”, aunque por dentro no esté bien absolutamente nada.
A muchos hombres nos enseñaron a resolver, producir, proteger, aguantar y seguir adelante. Lo que casi nunca nos enseñaron fue a pedir ayuda.
Nos enseñaron que llorar era exagerar, que ir a terapia era para locos y que hablar de nuestros miedos podía hacernos ver débiles.
Entonces uno aprende a guardar.
- Guarda el cansancio.
- Guarda el miedo.
- Guarda la tristeza.
Hasta que un día ya no sabe dónde guardar tanto.
Por eso hubo una frase de la reunión que me pareció especialmente importante: estos fenómenos no pueden atenderse únicamente cuando la crisis ya estalló.
La intervención es indispensable cuando existe un peligro inmediato, pero la verdadera lucha también está en la prevención.
En llegar antes.
- Antes de que el silencio se convierta en aislamiento.
- Antes de que la tristeza se vuelva una rutina.
- Antes de que alguien piense que su ausencia pesa menos que sus problemas.
Prevenir no significa convertirnos todos en psicólogos. Significa construir espacios donde alguien pueda decir “no estoy bien” sin sentir que acaba de confesar un fracaso.
Significa aprender a escuchar sin interrumpir con el clásico “échale ganas”.
Porque, aunque normalmente se dice con cariño, hay dolores que no se resuelven echándole ganas. Así como no curamos una fractura diciendo “camina con actitud”, tampoco deberíamos minimizar una caracteristica emocional con una frase bonita.
Prevenir también puede empezar con algo que se ve pequeño: volver a vernos con atención.
No cuando el silencio ya esté gritando.
Antes.
Si tú o alguien que conoces necesita apoyo, puede comunicarse a la Línea de la Vida al 800 911 2000, disponible las 24 horas.

