Programas sociales; huachicol social

Mi ausencia, estimados lectores de Detona, se debe, a que en las últimas semanas asistí, ante el Ministerio Público, a desahogar una audiencia por las demandas civiles que no son más que venganzas políticas de la élite gobernante de este país que no
soporta que les digan sus verdades.
Estoy ante ustedes, casi con esposas y grilletes, cargando sobre mis hombros tres demandas civiles por el hecho de que...
...mis libros, El Rey del Cash y El Gran Corruptor, les han sido demasiado incómodos al señor que gobierna este país.
Este es el precio que debemos pagar los periodistas cuando nos atrevemos a denunciar actos de corrupción con un único fin: que los mexicanos estén enterados de los abusos del poder y tomen decisiones libres, sin ser manipulados y engañados como sucede
actualmente.
Los libros, seguidores de Detona, hablan.
A través de ellos se ha escrito la historia de muchos hombres que condenaron a sus pueblos a la desesperanza, al miedo, a la tragedia, a vivir presos física e internamente, a morir en holocaustos y guerras con tal de mantenerse en el poder.
Ejemplos: Hitler, Mussolini, Stalin, Franco, Augusto Pinochet y más cercanos a nuestra época, Fidel Castro, Hugo Chávez, Maduro y debo decirlo con todas sus letras: Andrés Manuel López Obrador.
De este personaje que vive en Palacio Nacional es del que hablan mis libros.
En el primero, El Rey del Cash, les informé de cómo había utilizado el cash como modus operandi para costear sus campañas políticas.
De cómo había construido un equipo de recaudadores para hacerse de millones de pesos que, ahora ya sabemos, guardaba en cajas de huevo en una casona de la colonia Roma, donde, por 18 años operó como el candidato opositor que vendría a salvar México.
Atreverme, no fue fácil.
El costo ha sido alto, soportar ofensas e insultos, calumnias, persecución política y burdas demandas civiles que estoy enfrentando.
El Rey del Cash fue mi testimonio personal, con el tiempo, perredistas que encumbraron a López Obrador como Silva Aureoles, Jesús Ortega y Carlos Navarrete, decidieron romper el silencio y confirmar que lo escrito en mi libro se quedaba corto con la realidad.
Maletas llenas de efectivo le fueron entregadas al hoy presidente para que llegara al poder pensando que le harían un bien a México y, porque no decirlo, también pensando en beneficiarse de manera personal.
Un año después sale a la luz pública El Gran Corruptor, en el que plasmo los testimonios de mexicanas y mexicanos que fueron víctimas del señor que nos tiene en la oscuridad, porque al igual que esos dictadores que mencioné hace unos momentos, el poder y el dinero lo volvió loco y se convirtió en lo que siempre maldijo:
Un vulgar ladrón que, además, grita a los cuatro vientos que el Estado es él y punto.
Dirigirme a ustedes es una gran oportunidad para decirles que en estos casi seis años de gobierno de Andrés Manuel López Obrador me he dado cuenta que su slogan “por el bien de todos, primero los pobres” es otra gran mentira del tabasqueño.
La más cruel mentira porque los programas sociales que han blindado los legisladores se han convertido para el presidente en otro “modus operandi” para allegarse de cash diciendo que ayuda a los vulnerables de este país, hasta lograr en todos esos mexicanos un enamoramiento enfermizo hacia su persona que podría equiparar al síndrome de Estocolmo.



