Presentado por Cinépolis Distribución, Psicópata: El Asesino del Conejo Blanco es un thriller mexicano que describe la violencia desmedida de un asesino serial que acecha mujeres en las calles de la Ciudad de México.
Desde un principio se sabe que el homicida es Ariel Hoffman (Hoze Meléndez) y según el filme dirigido por J. Xavier Velasco, todo se debe a traumas que se originan desde la infancia y se amplifican en el desarrollo hasta la madurez.
Para perseguirlo la policía coloca a investigadores que están mas emproblemados que el loco que persiguen en las personas de Nora (Adriana Llabrés) y Eder (Andrés Almeida).
El folclor abierto de estos personajes es que ella sufre de trastorno de personalidades múltiples y él muriendo en vida por colapso renal.
Esta pareja dispareja de detectives sólo son espectadores de la barbarie y media que ocasiona Ariel y su presencia en escena sólo es para recoger lo que queda de las mujeres que mata.
La película maneja una primicia interesante al tomar un género muy popular en cine y TV, pero la realización se hace la vida cuadritos cortesía de que quiere amontonar temas de más e ideas de sobra.
Aquí hay material suficiente como para dos o hasta tres series diferentes que pudieran ser idóneas para Netflix, tipo la absurda ¿Quién Mató a Sara? que la estiraron hasta tres temporadas.
Igual en Psicópata: El Asesino del Conejo Blanco, estiran la historia de mas al grado que ya no saben qué hacer con los personajes tan complejos que presentan porque se supone que estamos viendo al asesino, pero intercalan los problemas de la detective Nora con calzador.
Y repito, la idea es buena ya que Ariel el asesino telegrafía quienes serán sus víctimas, pero no vemos nada por parte de la policía, no sé si por los limitantes del presupuesto o la intención era señalar que las fuerzas de la ley y el orden de México son incapaces de capturar a tan obvio asesino.
La realización se pierde en desarrollar a Ariel, radicalmente opuesto a muchos psicópatas calculadores de la ficción o inclusive del mundo real y mejor ni se mete en críticas sociales o de procedimiento de la policía de México.
Yo esperaba algo como “en México no hay asesinos seriales” o la clásica “todo está bajo control”, pero en esos términos, el filme mejor se queda en una zona de confort y no dice nada de nada.
Es muy buena en mostrar el salvajismo que explota en el asesino de un segundo para otro, pero los detonantes que manejan son tan efímeros como la presencia de Nailea Norvid como la madrastra de Ariel o insinuar incidentes donde se palpa la violencia incipiente del asesino, aunque esto está sacado de Los Extraños 2 y de receta de cocina del cine “es que no viste lo que hicieron de niños”.
ero hay mucha torpeza cuando nos regresa a los múltiples personajes de Nora, que son seis y podrán ser 100 o dos o tres, pero en el desarrollo, sólo conocemos a dos y el resto como relleno y no parte de la manufactura de la trama.
O sea, vaya fichitas que contrata la policía para las filas de los guardianes del bien y el orden.
En fin, el caótico clímax lo dice todo, busca una salida rápida para todo lo que arma en base a una narración para cerrar el filme, con moraleja al costo y créditos finales.

