El espejo incómodo: lo que el cine dice de nosotros

Javier Treviño DETONA®  Con las películas nominadas al Óscar 2026, se podría concluir, entre otras cosas, que los humanos viven en conflicto, pero que transforman ese conflicto en significado.
 

Por Javier Treviño Cantú
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Foto tomada de la Red
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Imaginemos una escena improbable, pero reveladora. Una nave llega a la Tierra. 

No viene a conquistar ni a negociar, tampoco busca nuestros recursos naturales, su misión es más inquietante: entender quiénes somos.

Para hacerlo, sus tripulantes descartan lo evidente, no analizan nuestras estadísticas económicas ni nuestros discursos políticos

No revisan tratados internacionales ni informes de organismos multilaterales, en lugar de eso, eligen observar algo que, intuyen, condensa mejor nuestra naturaleza: nuestras historias.

Ven, con atención, todas las películas nominadas al Óscar en 2026. 

Y a partir de ahí, construyen una interpretación de la humanidad, la pregunta es inevitable: 

  • ¿qué verían en nosotros que nosotros mismos no siempre queremos ver?
Una especie en tensión permanente

Lo primero que advertiría ese observador externo es que los humanos no vivimos en equilibrio

Vivimos en tensión, no se trata de un accidente ni de una anomalía, es una constante.

Sinners, la película con más nominaciones, no solo explora la culpa o la redención. 

Hace algo más profundo: exhibe la distancia entre lo que aspiramos a ser y lo que efectivamente somos, los humanos no fracasan por ignorancia. Fracasan, muchas veces, por contradicción.

Sabemos lo que está bien, y , sin embargo, hacemos lo contrario.

One Battle After Another refuerza esa intuición. 

La vida no es una línea recta ni una secuencia ordenada, es una acumulación de conflictos,  personales,  sociales, políticos, no hay una tregua duradera. 

Hay, más bien, una sucesión de batallas que adoptan distintas formas.

El extraterrestre llegaría a una conclusión incómoda: 

  • Los humanos no enfrentan conflictos ocasionales, están estructuralmente diseñados para vivir en conflicto

Y quizá lo más desconcertante es que, lejos de evitarlo, lo reproducen.

Crear… y temer lo creado

Luego vería Frankenstein, en la reinterpretación de Guillermo del Toro

Y encontraría una de las paradojas más reveladoras de nuestra especie.

Los humanos crean, innovan, empujan los límites de lo posible, pero al hacerlo, generan una inquietud profunda sobre las consecuencias de su propia creatividad.

La criatura no es el verdadero problema, el problema es el creador.

El visitante entendería algo fundamental:

  • Los humanos no solo temen a lo desconocido, temen, sobre todo, lo que ellos mismos son capaces de producir.

Esta tensión atraviesa nuestra historia. Desde el fuego hasta la bomba atómica, Desde la revolución industrial hasta la inteligencia artificial.

Hoy, en la era de algoritmos capaces de aprender, decidir y crear, la pregunta de Frankenstein deja de ser literaria para convertirse en política, económica y moral:

¿qué ocurre cuando nuestra capacidad de crear supera nuestra capacidad de comprender?

La aceleración como forma de vida

En F1, el cine captura otra dimensión central de la experiencia humana contemporánea: la velocidad.

Pero la velocidad no es solo física. Es cultural, vivimos en una época que premia la rapidez por encima de la reflexión, las decisiones se toman bajo presión, la competencia es constante, la pausa se percibe como rezago.

Para el observador externo, esto podría parecer una forma de ansiedad institucionalizada, una especie que ha hecho de la aceleración no solo un medio, sino un fin.

Corremos, pero no siempre sabemos hacia dónde. Y en ese vértigo, confundimos movimiento con progreso.

La conciencia de la fragilidad

Y entonces aparece Hamnet, sin estridencias,sin espectacularidad, sólo pérdida.

Aquí el visitante descubriría uno de los rasgos más profundos de lo humano: 

  • Los humanos no solo viven, saben que van a morir.

Esa conciencia transforma todo, el amor no es solo vínculo, es urgencia. 

La memoria no es solo recuerdo, es resistencia frente al olvido, el arte no es solo expresión, es una forma de permanencia.

A diferencia de otras especies, los humanos cargan con la certeza de su fin. 

Y, sin embargo, actúan como si el tiempo fuera infinito.

Esa tensión —entre la finitud y la aspiración de permanencia— es una de las fuerzas más poderosas de nuestra cultura.

El valor de lo que no se puede medir

En Sentimental Value, el diagnóstico se vuelve más íntimo.

El visitante observaría que gran parte de lo que define la vida humana no es cuantificable, no aparece en indicadores ni en métricas.

Los vínculos, los afectos, los recuerdos, las pérdida, todo aquello que no puede medirse, pero que, en la práctica, determina el sentido de una vida.

En una era obsesionada con los datos, esta dimensión resulta particularmente reveladora, los humanos han desarrollado sistemas cada vez más sofisticados para medir el mundo…, pero siguen dependiendo de aquello que no pueden medir para darle significado.

Viven, simultáneamente, en el mundo de los hechos y en el mundo de los significados.

Y con frecuencia, el segundo pesa más que el primero.

Imaginar para comprender

Si el extraterrestre avanzara hacia las películas animadas —KPop Demon Hunters, Zootopia 2, Elio— encontraría algo aún más intrigante, la imaginación como necesidad estructural.

  • Los humanos no solo describen la realidad, la reinventan.

Crean mundos alternativos, especies ficticias, narrativas imposibles, pero no lo hacen únicamente por entretenimiento, lo hacen para procesar lo que viven.

En Zootopia 2, los animales siguen representando nuestras tensiones sociales: 

  • diversidad
  • prejuicio
  • convivencia.

En Elio, el contacto con lo desconocido se convierte en una exploración de identidad, la imaginación no es evasión, es interpretación.

Es una forma de hacer habitable un mundo que, de otro modo, resultaría demasiado complejo o demasiado incierto.

Javier Treviño Cantú
Javier Treviño es Vice Presidente de Walmart para México y Centroamérica. Fue Director General Ejecutivo del Consejo Coordinador Empresarial, CCE. Además es Fundador y Presidente de la consultoría Javier Treviño y Asociados. Es Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y Maestro en Políticas Públicas por la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard. En el Gobierno Federal, se desempeñó como Subsecretario de Educación Básica; Subsecretario de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas; Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público; Subsecretario de Cooperación Internacional de la Secretaría de Relaciones Exteriores; y Ministro de Información y Vocero en la Embajada de México en los Estados Unidos durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio. Javier Treviño fue Asesor del Secretario de Desarrollo Social Luis Donaldo Colosio; Secretario General de Gobierno de Nuevo León y Diputado Federal por Nuevo León. En el sector privado, fue Vicepresidente Senior de Comunicación y Asuntos Corporativos de CEMEX. Fue miembro fundador y Vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. Es miembro del Consejo de la Fundación de El Colegio de México. Es miembro fundador del Consejo Asesor del Mexico Institute del Woodrow Wilson Center. Es miembro del Consejo del Center for U.S.-Mexican Studies de la Universidad de California, San Diego. Y ha sido miembro de los consejos de la Fundación para las Américas de la OEA y del North American Center de Arizona State University.