Recaudación y gasto público deben ser vigilados y auditados

Esto, en beneficio de las clases populares.
La eficiencia gubernamental debe establecer un equilibrio entre ingresos recaudados, y recursos ejercidos con racionalidad presupuestaria y transparencia.
También debe cubrir el gasto social y las necesidades sociales en el marco de las políticas públicas y de gobierno que afrontan todos los países.
Sin embargo, el criterio de la eficiencia implica eficacia en los procesos propios de cada uno de los tres órdenes de gobierno.
En este espacio he puesto énfasis, en dos elementos centrales:
- Recaudación.
- Ejercicio del gasto público.
El énfasis se ha colocado en el nivel local; es decir, en los esfuerzos para fortalecer las responsabilidades recaudatorias de los gobiernos estatales y municipales, y en el correcto ejercicio del gasto público, en beneficio de las clases populares.
Esto implica que tanto la recaudación como el gasto público, son procesos que van juntos y deben ser vigilados con esa lógica
Para lograrlo hay diferentes herramientas, destacando la fiscalización superior, el control interno, las diferentes evaluaciones a programas presupuestarios y políticas públicas, entre otros.
Al respecto, hace unos días fue publicado por la Universidad de Cambridge el texto “Malas políticas públicas” (Bad Public Policy) de Michael Howlett, Ching Leong y Tim Legrand.
La publicación -que debe observarse siempre con neutralidad ya que es desarrollada desde una visión multilateral- destaca como idea principal que “las políticas públicas se produzcan mediante mecanismos abiertos y procedimientos participativos en los que el pueblo pueda expresar sus preferencias y los responsables políticos escuchen y actúen de buena fe al determinar las acciones de los gobiernos”.
La tesis de este texto es sugerente y obliga a cuestionar cómo se puede lograr la eficiencia, entendida como el punto de equilibrio entre recaudación, gasto y atención de los problemas sociales.


